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Hallan en París retrato del General Antonio Maceo

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Félix Ojeda Reyes y Paul Estrade*
Tomado del diario puertorriqueño Claridad

El 19 de diciembre de 1896, una revista de lujo publicada en París, L’Illustration, reprodujo un novedoso retrato del general Antonio Maceo Grajales. Es la imagen del heroico guerrero cubano en el pulso y el trazo del artista puertorriqueño Francisco Oller. éste, a su vez, dedica la pieza a su querido amigo el doctor Ramón Emeterio Betances. ¡Nadie puede dudarlo! Estamos frente a un junte explosivo: Oller, Maceo, Betances. Mucho más, estamos frente a una obra de arte, desconocida en Puerto Rico, que evoca valerosos paisajes de la historia de las Antillas.

Trabajado en trazos fuertes el retrato de Maceo que reproduce L’Illustration tiene una altura de 8.5 centímetros. La pieza original la creemos perdida para la historia. En el borde inferior izquierdo aparece la dedicatoria en español: Al Dr. Betances. F. Oller. 1896. El calce de la revista es simple y redondo: “Le dernier portrait de Macéo. Crayon communiqué par le Dr. Bétancès”. Lo que significa, en buen castellano: “El último retrato de Maceo. Crayón remitido por el Dr. Betances”.

Nosotros, los editores de las Obras Completas del Padre de la Patria puertorriqueña, teníamos conocimiento, por años, de la existencia de esa pieza. A fines de septiembre de 2009, cuando tuvimos la oportunidad de juntarnos en París, decidimos reexaminarla cuidadosamente. Y nos dimos cuenta que no podíamos seguir guardando el secreto. El retrato a crayón de Maceo no quedaría sepultado en una torre desmesurada de papel.

De forma magistral, los trazos de Oller acentúan la inmortal bizarría del general cubano. Maceo se nos presenta en su uniforme de gala, arreglada su barba, bien pronunciado el bigote.

Manos amigas poseen y cuidan una colección completa de L’Illustration de aquel infausto año. Y nos dieron permiso para reproducirlo. ¿Lo puede usted imaginar? Es como si un francés y un boricua nos hubiéramos sacado el premio mayor de la lotería…

Osiris Delgado dice que a mediados de 1858, con 25 años de edad, Oller se encamina nuevamente hacia Europa. En esa ocasión se traslada a París, ciudad a la que regresaría durante la década del 1870 y, por última vez, a mediados de los años de 1890. Pero en su primera visita, además de inscribirse como copista en el Louvre, se producen nuevas experiencias “que lindan con páginas de la historia universal del arte”.

El biógrafo de Oller informa que a poco de llegar a París el joven artista frecuenta “un taller de enseñanza libre, la Academia de Jules Suisse. Allí conoció a Camille Pissarro, a Paul Cézanne y a otros de los pintores que serían los gestores de la nueva estética del impresionismo. Precisamente allí en Suisse, fue Oller quien presentó Cézanne a Pissarro. Por su parte, Cézanne era un aprendiz de arte recién llegado a la Ciudad Luz, y es Oller quien le impartió las primeras lecciones de dibujo”.

Ahora bien, si usted nos pregunta cuándo o dónde Betances conoce a Oller, diremos que no lo sabemos. ¡Nadie lo sabe! Sin embargo, hay una instancia que debemos recordar: la muerte de María del Carmen Henry, ocurrida en París el 22 de abril de 1859. A su tío, Francisco Betances, el prócer puertorriqueño le escribe una carta desgarradora:

“Ella murió de las doce y diez a las doce y quince minutos de la noche del Viernes Santo, después de haber recibido los socorros de su religión. Desde la noche del sábado anterior no me había apartado yo de su cama y todavía me quedé acompañando a mi pobre y desgraciada muertecita treinta y seis horas plus… El domingo de pascuas, a las doce del día, salimos para Mennecy acompañados de los compatriotas Basora, Antonio Ruiz, Garnier, Carbonell, Oller (de la capital), Porrata, Prévost hijo y otros señores de aquí. Llegamos a las cuatro de la tarde al pueblito donde nos fue permitido a todos ver la simpatía y el entusiasmo que había producido la conducta de nuestra hija”.

Efectivamente, el 24 de abril, Domingo de Pascuas, el Oller “de la capital”, testigo del profundo dolor que agobia a Betances ante la muerte de la mujer que iba a ser su esposa, le acompaña hasta Mennecy, pueblito donde sería enterrada María del Carmen.

Puntualicemos ahora un asunto importante: Osiris Delgado presenta la posibilidad de que Oller se ocupara “de sacarle una mascarilla” a “Lita”, como la llamaba casi siempre Betances. Las mascarillas, a su vez, sirven de base, en muchos casos, para confeccionar esculturas de las personas fallecidas. En el caso de María del Carmen, sabemos que Betances mandó a preparar un busto de bronce y otro de mármol que creemos se encuentran actualmente en algún lugar de Barcelona.
Por otro lado, Haydee Venegas, estudiosa e investigadora de Oller, aporta información valiosa cuando nos describe algunos instantes en que el impresionista de San Juan y el médico de Cabo Rojo coinciden en actividades culturales celebradas en Francia:

“Hubo un momento en que traté de hacer una investigación de Oller, y en 1982 descubrí toda una cantera de información sobre Betances, porque el carpeteo que le tenían a Betances es impresionante… en ninguna de las reuniones políticas que Betances tenía, aparece el nombre de Oller. Sin embargo, aparece Betances acompañando a Oller al teatro, aparece Oller en el entierro de la novia de Betances, y el carpeteo es tan grande que estuve una semana buscando y encontré sólo tres momentos en que Oller y Betances se vieron y todos fueron en actividades públicas culturales. Betances era seguido por espías españoles en París”.

De la firme y leal amistad que siempre existió entre Betances y Oller da fe el siguiente poema que el médico de Cabo Rojo dedicó “al amigo y paisano Francisco Oller, pintor puertorriqueño”. El interesante soneto lo hemos rescatado de la sanjuanera revista El Carnaval, en su edición del 2 de agosto de 1903:

Apeles Tú,
-que viste a un monarca, con locura
Para ti de su mano alzar un día
El vuelo de pudor con que cubría
De su Roxana amante la hermosura.

Rafael Tú,
-que has hecho bajar la Virgen pura
Velando al niño mientras él dormía
Y hasta la corrupción que pasa impía,
Se la haces adorar en tu pintura;

Murillo Tú,
-que en la Concepción ardiente, luego
De pasión terrenal dejando seña,
Tras ella al hombre arrastras de amor ciego;

Oller
¡Dadme vuestro pincel que tanto enseña,
Oh príncipe del arte!… y se lo entrego
Al pintor de “La Virgen Borinqueña”.

No estaría demás informar que Betances, al cortar su bien logrado soneto, llama a Oller el “pintor de la Virgen Borinqueña”. (Imaginamos a un artista totalmente deslumbrado ante la belleza de María del Carmen en los momentos cuando fija en el lienzo su imagen). Y ésa, como muchas otras obras del artista de San Juan, lamentablemente se halla perdida para la historia.

La última visita de Oller a París se remonta al mes de marzo de 1895. Estuvo en la capital francesa hasta mediados del 1896. Durante aquellos días se produce el lamentable rompimiento con Cézanne y todo hace pensar que su amistad con Pissarro pudo enfriarse “un poco”.

El 22 de enero de 1896 se publica en París el primer número de La República Cubana, periódico bilingüe, fundado por Domingo Figarola-Caneda con la imprescindible ayuda del doctor Betances, a la sazón representante diplomático de la República de Cuba en Armas. Cada número de aquel semanario contenía cuatro páginas en español y cuatro en francés. En su primer editorial, el periódico expone a grandes rasgos sus objetivos: “interesar a Europa y principalmente a Francia (…) en una contienda, que no es revuelta de colonos indisciplinados y díscolos, sino lucha de la libertad contra la tiranía”. Y en aquel periódico de París se publican los grabados de Oller en solidaridad con la independencia de Cuba.

En lo referente a Maceo debemos informar que ninguno de los dos -ni Betances ni Oller- le conocieron. Nunca pudieron estrechar las manos fuertes del ingenioso revolucionario. Nunca se dieron un fraternal y efusivo abrazo.

A principios de agosto de 1896, Oller se halla de regreso en su tierra natal. El general cubano muere heroicamente el lunes 7 de diciembre de ese año. Junto a Maceo cae también, gravemente herido, su joven ayudante Francisco Gómez Toro, hijo del general en jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez Báez. De inmediato, saqueadores insaciables, chacales españoles sin alma, se acercan a desvalijar los cuerpos. Gómez Toro está vivo. Un práctico español lo remata de un machetazo…

Doce días después de aquella tragedia se publica en L’Illustration, de París, el retrato del general Maceo. Lo probable es que esa imagen la produjera Oller durante el primer semestre de 1896. Lo probable es que Oller regalara entonces el retrato a Betances. Lo probable, en fin, es que al caer el general Maceo y ser casi cierta su muerte, Betances habría acudido a la prestigiosa revista ilustrada para entregar en su redacción la imagen gallarda de un Maceo siempre vivo: “grande en la batalla, grande en el consejo, grande en el patriotismo”, como le escribiría luego a la viuda del Héroe de Baraguá, María Magdalena Cabrales y Fernández.

* Los autores son historiadores de la vida y obra de Ramón Emeterio Betances.

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