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Por Ricardo R. González

Por estos días vuelve la Semana Internacional a favor de la lactancia materna, y si bien el primer llanto que se expande en un salón indica el nacimiento de una vida no menos importante resulta ese acercamiento, entre la madre y la criatura, llamado a ocurrir durante la primera hora de existencia.

Es el acto de lactar, ese que propicia el único alimento integral existente en el Planeta. No constituye algo mágico ni tampoco imposible, pero figura como el imprescindible que esquiva las compañías del agua u otras bebidas o alimentos.

Desde el punto de vista nutritivo se lleva la primacía, pero a la vez constituye una especie de caricia filial entre la parturienta y su hijo.

Aunque organismos foráneos recomiendan que se mantenga, de manera exclusiva, en los primeros seis meses y luego a libre demanda la realidad difiere por completo de los buenos propósitos debido a que menos del 40 % de las madres de todo el mundo la proporcionan.

Muy triste que se olvide la diversidad de nutrientes vitales y de ese valor inmunológico que previene de enfermedades como la diarrea y la temible neumonía muy frecuente en los primeros tiempos posteriores al alumbramiento.

Hay más. Incide en la reducción de procesos infecciosos en los oídos, previene las alergias, así como las molestias digestivas e intestinales, sin excluir el asma.

Por demás, está siempre disponible, no tiene costo, y mantiene la temperatura adecuada en todo momento.

Según estudios internacionales el hecho de lactar a los bebés evitaría la muerte de 1,3 millones de infantes cada año; sin embargo, muchos mitos rodean el acto. En algunos casos se abandona por las preocupaciones sobre la incorrecta succión del recién nacido, por la aparición de cólicos, y el erróneo criterio de que no «baja la leche».

Otras progenitoras opinan que los bebés amamantados no duermen bien durante las noches, o de la incorrecta concepción de que el éxito de la lactancia depende del tipo de parto, de la forma de los pezones y del tamaño de los pechos, entre otras irregularidades.

También las mujeres aluden a la deformidad de los senos o a su flacidez atribuibles a la succión. Y qué resulta más importante: ¿el detalle estético o la seguridad de ver crecer a un niño sano?

Y para las madres también reporta ventajas inigualables. Dar el pecho proporciona que el útero recupere su tamaño y estado natural de una manera más efectiva, en tanto facilita la pérdida de peso acumulada durante el embarazo y reduce las probabilidades de padecer cáncer de mama.

Cuba —y Villa Clara como parte del archipiélago— establece para las instituciones materno-infantiles la condición de Hospital Amigo del Niño y de la Madre que incluye el acto de lactar entre los principales requisitos a fin de alcanzar o mantener el distintivo. Ahora bien, la concientización debe extenderse más allá de un centro de Salud para que toque a las puertas de cada familia, de cada colectivo laboral con trabajadoras embarazadas o con hijos menores de dos años y, sobre todo, de la propia mujer.

No soy partidario de charlas educativas aburridas o de conversatorios rutinarios. De nada valen, como tampoco el hecho de apoyarse solo en una semana para abordar un tema trascendente.

La práctica sistemática tiene el mando, y en definitiva la lactancia constituye un acto de vida.

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