«Irma» dejó huellas en muchos cubanos, pero lo que nunca imaginó es que un grupo de mujeres de la avicultura en Camajuaní se alzara ante los destrozos y desterrara las ruinas

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

Septiembre transcurría apacible y Marilín Guevara Jiménez disfrutaba de los resultados palpables en su granja avícola Ricardo López Castro, ubicada en la comunidad camajuanense de La Quinta; sin embargo, comenzaban ciertos rumores sobre la proximidad de un temible ciclón.

Atenta escuchaba a nuestros meteorólogos Lamadrid, Amaury o Sandra. «Irma» arrasaba por donde pasaba, y aquel 8 de septiembre mostró su rostro para encarnarse con Villa Clara.

La casa le resultaba pequeña, pero sabía que un grupo de hombres, entre ellos su director Rafael Flores Torres quedó en la unidad. Fue la noche más larga de su vida, y con los claros del día la representante sindical partió hacia la granja, mas los impactos les parecen tan recientes que no quisiera ni relatarlos. Su nave número 1, de las seis existentes, apenas mostraba el espacio de lo que fue. Igual las otras. Huevos rotos, animales muertos, desolación por doquier en medio de un panorama desgarrador.

Rachas de viento sostenidas por espacio de 12 horas que obligaron a refugiarse —advierte Rafael— Marchamos hacia un cuarto de placa disponible en la unidad en aquellos momentos. Nadie pegó un ojo, y sentíamos cómo las cubiertas de zinc surcaban el aire. Había un simple agujero, pero apenas divisábamos algo.

La «Ricardo López», de Camajuaní, resultó la unidad más afectada y la primera en obtener la condición de recuperada en Villa Clara. Ahora sus trabajadores caminan por los nuevos viales que el huracán obligó a construir, entre ellos su director Rafael Flores (en el centro).

Cuando amaneció vino la realidad: Los techos de las seis naves eran historias pasadas. Estaban alrededor de 1 km. Perdimos también las estructuras de fibrocén, en tanto los seis silos de pienso quebraron junto a las dependencias administrativas, mientras el taller de mecanización quedó sin cobija.

Marilin y sus compañeras estaban atónitas, se miraban unas a otras sin consuelo hasta que Rafael reunió a todo el colectivo para comenzar las acciones de una recuperación inmediata.

UN TORBELLINO DIFERENTE

Si algo resultó destacable fue la asistencia general del personal pasado el fenómeno. María Delia Águila Camacho es la secretaria del núcleo del Partido y una de las operarias de la nave 2. Aún llora; sin embargo, algo le decía que saldrían adelante.

«Llevo 30 años en la unidad y conozco a mi fuerza laboral. Y aquí estamos haciendo historia. El desastre nos hizo trizas, pero de momento se formó una especie de torbellino en la reconstrucción.

«Todo me parece como una pesadilla», reafirma María Delia Águila Camacho, una de las naveras que lloró mucho al ver cómo quedó su granja.

— Tres décadas en un centro de trabajo constituye una vida ¿Y no ha pensado en cambiar de labor?

— A pesar de que se gana muy bien no es fácil convivir con la fetidez que desprende el ambiente hasta que te acostumbres, y si algo caracteriza al trabajador avícola es que no constituye una fuerza fluctuante. Por eso y por amor a lo que hago estoy aquí.

A partir del desastre comenzaron a llegar visitas de todos los niveles. María Delia escuchó que el propósito era recuperar todo el gallinero en apenas un mes y le pareció algo de ciencia ficción. Hasta pensó si había oído bien, pero el propio director confiesa que se le estremeció su robusta anatomía cuando le dijeron que en 30 días debía quedar todo listo. No lo creyó.

LO QUE SOBREVIVIÓ

La plantilla de la granja totaliza 68 trabajadores; de ellos, 32 mujeres, —casi el 50 %— pero todos realizaron trabajos duros. De los 18 mil animales que quedaban en espera del reemplazo, debido a la decrepitud o poca productividad por el tiempo de puesta, se perdieron cerca de 5 mil. Con el esfuerzo colectivo pudieron salvar unos 13 mil para la venta en el mercado.

Hubo que recoger excretas mojadas que incrementaban el mal olor, así como animales muertos en estado de descomposición en medio de tanto escombro y de la lluvia incesante que dejó «Irma», mientras el personal se movía en estas condiciones con botas, guantes y capas, sin dejar de cumplir las medidas sanitarias.

«Las gallinas sobrevivientes se empaparon al no tener techos. Padecían de un estrés marcado y las pudimos alimentar porque como el establecimiento es pequeño existía una reserva de agua que resultó indispensable porque sin esta no se podían alimentar», precisa Rafael.

Marilín Guevara Jiménez reconoce que los animales se adaptan a quienes los cuidan. En cambio entra un personal extraño y se excitan sobremanera, por lo que el cuidado extremo y la vigilancia resultan primordiales.    ¿Y qué dice Ramona González Cruz con sus 27 años de trabajo? Nunca había visto ni vivido algo similar. Todavía siente la angustia al ver que de su nave solo quedó el recuerdo.

«Yo estaba de vacaciones y cuando llegué había pasado la avalancha de la recogida. Me enviaron para El Bosque, que es otra pollera cercana, y me reinserté a la recuperación. Hay que destacar que algunos de nuestros trabajadores quedaron sin techo o con derrumbe total. Oígame… Ud. sabe lo que es perder algo tan vital… Yo los veía y decía: ¡Cómo es posible! Y dejaron a un lado los problemas personales para apoyar a la granja.

EL PRIMER CAMIÓN

A escasos días del paso de «Irma» divisaron un vehículo por el camino que conduce al establecimiento: Comenzaban a llegar los materiales con apoyo total del municipio y la provincia. Representantes del Partido, el Gobierno, de las empresas de Camajuaní, de la Agricultura y diferentes brigadas contribuyeron de manera increíble. También el Consejo de Dirección de la Avícola en pleno apoyó sobremanera.

Poco a poco aquel panorama fue cambiando. Bajo lluvia se prosiguió el trabajo en jornadas desde las 7:00 a.m. hasta pasadas las 10:00 de la noche. Muchos no podían creer aquella vorágine constructiva que, paradójicamente, benefició el huracán. Hoy la granja es nueva, todas sus naves, las cubiertas, la cerca perimetral, la iluminación general, el mobiliario, la cocina y el comedor, el taller de mantenimiento, así como los viales internos y externos… La dependencia volvió a recuperar la cultura del detalle que un día el meteoro despiadado le borró.

Ahora Marilín Guevara mira atrás: «El ciclón pasó el 8 de septiembre y ya el 12 de octubre teníamos gallinas en las naves».

Con las 60 mil ponedoras sobrecumplen el plan mensual, al tiempo que aportan unas 5 mil posturas diarias por encima de lo estipulado, pues cada centenar de animales debe propiciar unos 730 huevos.

LA CIENCIA Y EL ENTORNO

El mundo animal tiene sus características y se hace imprescindible preservar el medio ambiente. El propio médico veterinario Adrián Martín Álvarez asevera que las gallinas padecen de estrés motivado por la intensidad de los vientos, el cambio de temperatura, la inestabilidad del personal en la nave, la variabilidad del horario en el consumo alimentario, y todo ello influye para dejar de poner.

Por eso otra de las féminas, Lissety Inerarity Ariosa, devenida jefa de producción, exige el cumplimiento de las normas técnicas y los requisitos del trabajo en la nave. De ello dependen los resultados salariales acorde con la producción que en un mes puede sobrepasar los mil pesos además de la estimulación.

La jefa de producción de la unidad, Lissety Inerarity Ariosa, junto al médico veterinario Adrián Martín Álvarez examinan una de las aves.  

Y aunque le corresponde tener su lápiz bien afilado como mujer no deja de mostrar su lado sensible al declarar que luego de la tragedia: «Aquí se lloró en masa».

Para nadie es secreto que en el sector avícola prevalecen las mujeres. Rafael Flores lleva años al frente de la actividad y constituye una especie de cátedra en la materia.

¿Y si le dijeran que reemplazarán todas las féminas del centro por fuerza masculina?

(Su rostro experimenta un cambio drástico). «Negativo, que me disculpen los hombres, pero son ellas quienes saben, las que ofrecen la ternura que requieren los animales, las más disciplinadas, voluntariosas y con deseos de trabajar. Tengo algunos hombres en funciones que no son malos ni incompetentes, pero me quedo con las mujeres.

EL DÍA FELIZ 

Si bien los trabajadores lloraron al ver cómo el meteoro les dejó su granja apenas un mes después saltaron lágrimas, pero de alegría.

«Vimos que surgía una unidad nueva, —asegura su director— mejor que la anterior, nos dimos cuenta que era posible siempre que la voluntad y el espíritu de sacrificio acompañen. Ahí está un resultado de Villa Clara con Todos, una obra que bien puede dedicársele a nuestras compañeras como regalo por este 8 de Marzo Día Internacional de la Mujer».

Y es que para Cuba no hay imposibles, y menos con la sombra convertida en luz.

MEMORÁNDUM

— Las gallinas Leghorn constituyen la raza prevaleciente en las granjas destinadas a la producción de huevos. Necesitan poco espacio para vivir y llegan a producir un cómputo superior a las 300 posturas por año.

— En una nave conviven más de 5 mil animales que deben recibir extremo cuidado y observación, pues teniendo agua y consumo alimentario cada gallina pone un huevo diario.

— A pesar de todos los contratiempos, el 26 de diciembre pasado la granja cumplió su plan técnico económico para 2017, y se ubicó entre las tres unidades ponedoras de la provincia —de las siete en total destinadas a estas funciones— que llegó a la meta junto a la de Marrero y la «XV Aniversario», ambas de Santa Clara..  

— La unidad dispone de su módulo para garantizar el autoconsumo.

CONTRASTES

El panorama de las mujeres dedicadas a la avicultura en gran parte del mundo es triste. Salarios muy por debajo al de los hombres a pesar de realizar tareas similares y hasta más complejas, pero resulta espeluznante un vídeo publicado en España que da cuenta de la existencia de gallinas muertas y en estado de descomposición conviviendo con otras sanas en la misma jaula sin haber pasado en ese país ninguna hecatombe natural.

Dicen que resulta algo común, pero las imágenes son más duras. Ejemplares arrancando plumas u otras aves enfermas ya agonizando abandonadas en un rincón de la nave.

Una de cada seis gallinas morirá debido a enfermedades propias del hacinamiento. A todo ello ¿quién se preocupa por la salud de esas mujeres que conviven gran parte del día en medio de la putrefacción y la insalubridad?

Son seres humanos que no se olvide.

¿Tenemos o no nuestras Razones?

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