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Por Ricardo R. González

Ilustración: Martirena

Marcia y Andrés constituyen una pareja que espera su criatura. Ahora enfrentan los agudos trajines de la canastilla y esos complejos crucigramas contemporáneos en torno al futuro nombre, mas reconocen que no escapan de patrones socioculturales arrastrados por siglos tendentes a responsabilizar a la mujer en todo lo relacionado con el embarazo.

Lejos de la verdad, y en cuanto a la salud hay muchos prismas para abordar. Se habla del llevado y traído hábito de fumar en las féminas, pero ¿quién se detiene en los efectos paternos provocados por el deleite de la nicotina?

Ya se advierten aristas que van más allá de los impactos cancerígenos. De acuerdo con investigaciones recientes los hombres fumadores tienen dos veces más probabilidades de tener niños con defectos congénitos cardiovasculares.

Abra los ojos papá, y a ello se suma el incremento de hijos con anomalías en las extremidades e irregularidades que dan origen a hernias en el cordón umbilical y a nivel del diafragma.

Si el caballero prefiere la bebida el cuadro se empeora con múltiples situaciones que van en detrimento de una criatura no exenta de presentar labio y paladar hendido, defectos interventriculares, vértebras de la columna unidas o lunares de sangre de color rojo oscuro.

Ahora que la telenovela brasileña capta la atención de los seguidores vale decir que no todos los casos corren la suerte de la extraordinaria paternidad del doctor César. Un «temba» que procrea una criatura, aparentemente, saludable.

En ello recae otro de los errores ya que el factor edad no resulta exclusivo de las mujeres debido a que el hombre mayor de 35 años acrecienta los riesgos hacia la criatura, y más si rebasa las cuatro décadas en que abre las puertas a un posible síndrome de Down.

En el caso de las madres las complicaciones no dejan de ser numerosas. Por debajo de los 18 años pueden aparecer en el pequeño diversas afecciones de causas multifactoriales, mientras que al rebasarse los 35 se incrementan las posibilidades de anomalías muy propias de los cromosomas.

No se puede olvidar que la reproducción marca sus edades óptimas entre los 20 y los 34 años, por lo que debe evitarse a toda costa la llegada de un menor en edades tempranas como fenómeno que tiende a proliferar en Cuba.

Y bien complejo el caso si la mamá fuma, ingiere bebidas alcohólicas o se inscribe en la nómina de la obesidad, la diabetes, o la hipertensión arterial en un país donde una de cada 10 embarazadas inicia el proceso ingiriendo bebidas alcohólicas, mientras una de cada cinco fuma, y por ello el peso corporal de la criatura se mueve entre cuerdas flojas.

Ante estos argumentos me parece que ya es hora de valorar la gravidez como un proceso equitativo a tenor de que el producto constituye un resultado de la contribución de genes paternos y maternos, sin excluir la participación activa de la familia sobre las circunstancias que inciden en la formación del bebé.

Pienso que las consultas especializadas no son tampoco punto de asistencia unilateral para la madre. Competen a la pareja, esa que no podrá descuidar los exámenes reglamentados durante los nueve meses de formación de la criatura.

Y sugerir el uso del ácido fólico, tanto para el hombre como la mujer, al resultar la vitamina primordial en los procesos de crecimiento celular, pues los fenómenos trascendentales en la formación de un individuo ocurren en las primeras ocho semanas de la vida intrauterina.

Ojalá esas parejas que siguen la ruta de Marcia y Andrés entren en un período de meditaciones para consolidar su objetivo despojado de cánones y teorías obsoletas que obstaculizan la maternidad y paternidad responsables, o lo que es lo mismo: interiorizar que la concepción y posterior desarrollo del pequeño es asunto de dos.

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