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La temporada ciclónica está en curso hasta el 30 de noviembre. Si bien los modelos consideran, hasta ahora, que resultará normal habrá que esperar y no dormir sobre laureles.

Norka Zequeira vivió de cerca los destrozos del huracán Michelle por Corralillo, y desde su nueva vivienda recomienda cumplir cada detalle orientado por la Defensa Civil.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés y cortesía del Centro Meteorológico Provincial

Han pasado varios años, pero Norka Zequeira Ronsoler afirma que a veces despierta con sobresaltos. Aquellas ráfagas del 5 de noviembre de 2001 les parecen presentes. Vientos superiores a los 150 km/h retumban en sus oídos en la madrugada más larga de su vida, con la incertidumbre de esperar el amanecer y ver qué traían los claros del día.

Un desgarro en el alma. Eso fue lo que sintió al percibir que de su hogar no quedó nada, apenas mínimas cosas. Era una casita muy frágil construida con madera en una pequeña elevación del poblado corralillense de Sierra Morena. Su mamá permanecía en silla de ruedas y rompió en llanto cuando se le comunicó que todo quedó barrido por la furia de un huracán.

«Jamás pensé que se me fuera a ir mi vivienda. Desde que se avizoraba la intensidad del fenómeno la Defensa Civil emitió sus partes y nos protegió en un recinto confortable junto a mi familia. Allí sentía aquel infortunio. Eran como las 4:00 de la madrugada y tenía mucho miedo… Los árboles en el piso, incluso la vivienda donde estábamos refugiados perdió el cuarto de desahogo que estaba detrás».

A las pocas horas Norka y muchos de sus coterráneos fueron alojados en el campismo El Salto cuando en breve se produjo la visita de Fidel. «Tenía el presentimiento de que vendría y así fue. Nos dio mucho aliento e incluso estoy en una foto cerca de él. Fue una luz y sabía que no quedábamos abandonados».

Nueve meses después Norka y otros damnificados contaron con su nueva vivienda en un asentamiento de Sierra Morena.

«Desde el 11 de agosto de 2002 vivo en la nueva casa. Vinieron las brigadas y yo me convertí en ayudante de la construcción. Ladrillos, bloques, mezclas… cargamos y realizamos de todo. El cimiento lo hice a fuerza de pico y pala, me liberaron de mi trabajo y edificamos 18 departamentos en esta zona para más de 90 habitantes afectados por Michelle».

Esta imagen dice más que mil palabras. Inundaciones que penetraron al interior de rústicos recintos de la costa norte.

Su agradecimiento lo hizo público en nombre de todos. Lo patentizó cuando inauguraron las moradas, y también el 24 de agosto de 2002 como oradora en la Tribuna Abierta de Corralillo.

Norka Zequeira trabaja en la Empresa Pecuaria del norteño municipio como especialista principal de veterinaria, y pasarán los años sin olvidar aquel amargo recuerdo que le dejó un huracán despiadado.

Y si de recomendaciones se trata aconseja obedecer las orientaciones emitidas ante la proximidad de situaciones como estas. «Los efectos eléctricos los saqué antes, pero perdí mucho, mas sigo teniendo la misma entereza de seguir y avanzar sin retrocesos porque este país no abandona a sus hijos».

ENTRE PRONÓSTICOS E INCÓGNITAS

Uno de los jóvenes que ama las ciencias meteorológicas es el máster Amaury Machado Montes de Oca, y quizás su pasión por descubrir los misterios e incógnitas sobre los ciclones tropicales —depresión (DT), tormenta (TT) o huracán (H) — lo lleva a investigaciones respetables sobre estos siniestros.

Lo primero que aclara es que si vamos al mundo de las estadísticas tendremos resultados que no siempre resultan exactos porque los pronósticos pueden ser cambiables.

«Cuando se habla de una temporada ciclónica normal partimos del análisis de la cantidad de ciclones en toda la cuenca del Mar Caribe, el Golfo de México y el Océano Atlántico desde las costas africanas, y como dato curioso sepa que en esa región ocurren 9,8 ciclones tropicales en más de 150 años como media».

Una embarcación arrastrada hacia tierra entre otros destrozos.  Para el actual año los nombres establecidos serán: Arlene (que ya ocurrió fuera de temporada), Bret, Cindy, Don, Emily, Franklin, Gert, Harvey, Irma, José, Katia, Lee, María, Nate, Ophelia, Philippe, Rina, Sean, Tammy, Vince, y Withney.

El experto del Centro Meteorológico Provincial aclara que en dependencia de ese valor aparecen las escalas. Si sobrepasa los 12 episodios la temporada es activa. De ocho a nueve puede considerarse poco activa, y de 10 a 12 normal.

«Es un rango relativamente pequeño, por eso hay que mantener la alerta y estar pendiente a los partes de agosto porque se definiría la formación o no del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) que resulta vital en la ocurrencia de ciclones, a lo que se suma la temperatura de la superficie del mar».

Para los especialistas lo más importante no es el número de posibles fenómenos a formarse en el área, si no la necesidad de estar preparados y aplicar las medidas de acuerdo con los estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgo (PVR) existentes en cada territorio.

A pesar de los efectos adversos en este universo existen curiosidades. «Si acudimos a una base de datos que sobrepasan los 130 años a Villa Clara le afectan los vientos de ciclón tropical cada cuatro años, y en el caso de huracanes cada ocho.

«Desde Ike, en 2008, no tenemos afectación ni vientos de tormenta tropical o huracán, y si recapitulamos hacia atrás desde Dennis, en 2005, desconocemos el efecto directo de un huracán o tormenta sobre la provincia».

«Estamos a unos cuantos años de estos sucesos —enfatiza Amaury— que ya sobrepasan la media calculada por las estadísticas. No somos adivinos de lo que pudiera ocurrir, y aunque las probabilidades de afectaciones han sido normales en los últimos años recordemos que en la de 2016 pasó Matthew como huracán de gran intensidad por el extremo de Guantánamo».

— ¿Pudiera hablarse de preponderancias por zonas cubanas?

— La región occidental triplica en frecuencia de afectaciones a la región oriental y la central duplica al oriente cubano. En el último decenio casi todos los potentes huracanes pasaron por la zona oriental, aunque los mayores impactos siguen enfilando hacia occidente y centro, por lo que, en mi opinión, en cualquier momento debe afectar un ciclón.

Lo que quedó de una instalación deportiva villaclareña tras el paso de un huracán.

En todo caso habrá que esperar a la actualización de la temporada ciclónica en agosto, a tenor de que el período septiembre—octubre resulta el de más peligroso en cuanto al azote de ciclones tropicales para Cuba.

«Los modelos climáticos a largo plazo tienen una efectividad por debajo de los pronósticos diarios. Habrá que esperar si El Niño no se desarrolla o lo haga pasado octubre. De ocurrir esto la temporada ciclónica será más activa».

A partir de las explicaciones de Amaury lo cierto es que no vale la confianza ni tampoco los descuidos. Esos fenómenos nos hacen vivir de cara a los ciclones.

MEMORÁNDUM

— Villa Clara ha sido azotada por 41 ciclones tropicales de 1886 a 2016. De ellos, nueve depresiones tropicales, 14 tormentas tropicales, y 18 huracanes entre categorías 1 y 3. Ninguno ha llegado al estadio 4 ni al 5.

— La zona en que se han formado los fenómenos que más afectan al territorio son la del Océano Atlántico tropical y los límites de África, y el Arco de las Antillas, con 15 episodios.

— Desde hace 64 años no se sufre la afectación de un gran huracán. El último fue Fox (categoría 3) en octubre de 1952. Es de señalar que Michelle afectó a la provincia con categoría 2 en noviembre de 2001. No obstante penetró en la provincia de Matanzas ya con 4 en la escala Saffir-Simpson.

— Cada 3.72 años se puede esperar la incidencia de un ciclón tropical sobre la porción villaclareña, mientras no se descarta la presencia de un huracán cada 7.79 años, y uno intenso en 44.17 años.

— Algunos de los fenómenos que dejaron sus huellas por los predios durante las últimas etapas son: Kate (H, 1985), Elena (TT 1985), Lili (H 1996), George (H 1998), Michelle (H, 2001), Dennis (H, 2005), Fey (DT) 2008) y Ike (H), ambos en 2008.

CONTRASTES

Katrina (agosto 2015). Flora (octubre 1963). Dos historias, dos épocas, dos latitudes, pero inmensas pérdidas. Uno, el mayor huracán en tocar tierra en los Estados Unidos. New Orleans inundada en un 80 % por el colapso de los diques diseñados para prevenir que ocurrieran sucesos como este.

Flora, en cambio, sacudió la actual provincia de Granma para considerarse la segunda mayor catástrofe registrada en la isla.

Si bien en nuestro país existen los planes de emergencia muy bien diseñados, a lo que se suma la implementación de los estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgos (PVR) cada decisor y la población en general debe ultimar las medidas y prepararse antes de la temporada ciclónica.

¿Acaso están en orden todos los detalles inherentes a la protección de la población y los recursos de la economía?

¿Cómo se mantiene el sistema de observación y prevención hidrológica, así como el estado técnico y de mantenimiento de los embalses y su nivel de llenado?

¿Se revisa la situación constructiva e higiénico—sanitaria de las presuntas instalaciones destinadas a albergues y a elaboración de alimentos?

¿Están presentes las acciones a ejecutar ante intensas lluvias, penetraciones del mar y fuertes vientos, a tenor de las vulnerabilidades estructurales de resistencia del fondo habitacional?

Son algunas de las preguntas a tener presentes para evitar descalabros como los del imborrable Katrina o el Flora cuando aún no contábamos con la preparación necesaria para este último.

Revisemos a tiempo a fin de preservar vidas y recursos.

¿Tenemos o no nuestras Razones?

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