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Aynés Santiesteban García (a la izquierda) recuerda el primer día que llegó a la Casa. Deseaba dominar el arte de pelar y desplegar sus iniciativas. Lo logró, y años después se incorporó al curso de manicura. Ya en 2013 completó sus sueños como estilista gracias a dicha opción. Ahora es profesora, y ha graduado a unos 80 alumnos.

Por Ricardo R. González

Foto: Roberto Fernández Bustamante

Ocurrió en un municipio de Villa Clara. No importan nombres, escenarios, ni fotos. Lo cierto es que directivos de determinado almacén notaban la pérdida de artículos como por arte de magia.

«Hoy nos ponemos las botas de nuevo», pensaron los autores de los delitos en espera de que llegara otra noche de fechorías, mas desconocían que funcionarios de la entidad, de conjunto con fuerzas del orden y parte de la comunidad, activaron un operativo para descubrir lo que estaba pasando.

Cinco jornadas acompañadas de guardias nocturnas y de madrugadas con sus correspondientes estrategias. El administrador se escondía en una arboleda existente cerca de las naves hasta que, silenciosamente, llegaba el relevo de acuerdo con la lista planificada.

Solo era cuestión de esperar… Todo parecía normal hasta que, de repente, en una de las noches vio sombras que se acercaban al almacén. Eran menores, y pensó que estuvieran respaldados por algún adulto. No ocurrió así, solo uno de los adolescentes se mantenía afuera con aires de vigilia.

Bastaron segundos para que los agentes entraran en acción. Un robo con fuerza alimentado por ventanas inseguras en el que B. estaba involucrado. Sus amistades no resultaban las mejores, y la actitud ante el estudio iba en retroceso.  

«Caí en la gata del embullo —precisa B—. Deseaba una vida cómoda. Sacábamos ruedas de cigarro, jabones y artículos de fácil compra, aunque no por muchas cantidades. Por suerte me salvaron, pues ya me gustaba el negocito».

Atendiendo a la edad de los implicados y a determinadas coyunturas familiares el Consejo de Menores determinó que fueran atendidos de inmediato por una trabajadora social de la FMC.

El vínculo con ella no se hizo esperar. Al principio le mostraba su rechazo. No la miraba ni casi le hablaba. Lo llevaba a su casa desafiando peligros o la advertencia de vecinos que la criticaban y le aconsejaban que no se metiera en esa candela. Por suerte recibió en todo momento la cooperación de la mamá de B. así como del resto de las organizaciones en el área de residencia del muchacho.

A ello se agregó la labor de los especialistas de la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia (COMF) que también resultó vital en la conducción del caso.

«Iba a diario a la escuela a fin de recibir el informe de los profesores. Comprobaba la asistencia y la evolución en clases, al tiempo que elaboré una pequeña agenda para reflejar cada incidencia. Poco a poco fui ganándomelo, y B. concluyó su séptimo grado», argumenta la trabajadora social.

Ahora su progenitora muestra agradecimiento. Nunca pensó que evolucionara tan bien, y que la sensibilidad y el actuar humano separaran a su hijo del mal camino.

«Hay que sacar enseñanzas. Descuidé su seguimiento, y me siento culpable. Él era enfermizo y le di sobreprotección. Temía mucho que permaneciera tanto tiempo solo en casa porque yo me iba a trabajar, y que se convirtiera en un amanerado o emprendiera otros rumbos. Al ser varón lo solté para la calle… Ya vio lo que pasó… Pensé que los vecinos iban a rechazarlo por ladrón y no fue así. Me resultó una lección, y sobre todo una experiencia».

La historia de B. fue más allá. Hijo de padres divorciados cuya presencia y afecto paterno no se hacían sentir. Todo valió para que este, con el apoyo de la trabajadora social y de la Comf, cambiara su actitud. Desde entonces visita el hogar, sin descuidar el seguimiento a los avances del joven.  

MÁS ALLÁ DE LA FACHADA

Pasajes como este, incluso hasta más complejos, tienen las huellas de los especialistas que de manera voluntaria nutren las COMF. Ya cuentan con 25 años de existencia, y las acciones de los más de 365 colaboradores en Villa Clara permiten que la atención a la violencia se inscriba entre los objetivos fundamentales de trabajo.

A ello se suma la ayuda profesional a problemáticas de la vida contemporánea relacionadas con las féminas, los jóvenes y adolescentes, sin excluir su entorno familiar y aquellos aspectos vinculados con irregularidades en las parejas, la educación o la formación de los hijos.

Un cómputo superior a las 46 000 personas acudieron, durante el pasado año, a estos espacios que incluyen, además, las consultorías individuales de ITS-VIH-SIDA, las concernientes a las adicciones, la educación sexual, o programas de adiestramiento con nociones de peluquería, corte y costura, aprendizaje de idiomas, cosmetología, masajes, gerencia empresarial y de secretariado ejecutivo, entre otros.

Para Mayelín Díaz Rodríguez, integrante del Secretariado Provincial de la FMC, dichas instituciones no son exclusivas para las féminas. Incluyen también a los hombres y a toda la familia como demuestran las estadísticas.

Entre las novedades aparecen los Tribunales de Familia, cuya experiencia se fortalece en la capital provincial y en Placetas dirigidos a la mediación ante disyuntivas de este mundo que laceran la feliz evolución de los menores.

Bien lo sabe la licenciada Ana Mercedes Cruz Rodríguez, coordinadora de las COMF, que no excluyen dentro de su amplio espectro la proyección del trabajo comunitario con el propósito de encauzar hacia mejores patrones encaminados al pleno ejercicio de la igualdad femenina o a la convivencia necesaria para asumir nuestro tiempo.

«Cada día de la semana están programadas diferentes actividades dirigidas a la atención individual o grupal, pero los especialistas salen de los locales a fin de desarrollar acciones puntuales en hogares maternos, centros penitenciarios y de reeducación, en las escuelas de conducta y colectivos laborales según los objetivos». 

Así un día y otro, con un colectivo dispuesto a asumir los retos de esta era como los que sustentaron la historia de B. Por su parte, Aynés Santiesteban García, una de las tantas beneficiadas con las COMF, se siente feliz, mientras otros dan gracias por abandonar el alcoholismo o ayudarlos a ser mejores personas.

El instinto de pedagogos, consejeros, y muchas veces almas ajenas en función de progenitores vuelven a calar en el corazón para abrirse a la vida o lograr un expediente cerrado ante los malos caminos.

MEMORÁNDUM   

— La experiencia de la COMF comenzó a principios de septiembre de 1990 en Santa Clara, y después se generalizó por cada punto del archipiélago cubano.

— La capital provincial y Camajuaní resultaron los municipios destacados durante 2015, mientras Encrucijada, Ranchuelo, Quemado de Güines, Placetas, y Sagua la Grande demostraron estabilidad en el trabajo.

— Antecedentes de estas dependencias fueron las investigaciones realizadas por la cátedra Mujer y Desarrollo, del entonces Instituto Superior Pedagógico Félix Varela, a los que se incorporaron un tiempo después las de su homóloga de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.

CONTRASTES

Si bien las COMF evidencian aciertos no siempre los programas logran una equidad, y puede decirse que la inestabilidad en su funcionamiento en determinados municipios, así como la falta de impacto en comunidades figuran entre las debilidades marcadas en 2015.

Tampoco se divulga en su totalidad las líneas, programas y acciones que se desarrollan ni logran el impacto deseado en los adiestramientos y cursos de orientación.

Las instituciones de Corralillo, Manicaragua, Remedios, Cifuentes, Caibarién y Santo Domingo deberán esforzarse para lograr resultados en todas sus posibilidades.

Y si se habla de lunares existen equipos de colaboradores que apenas se reúnen con la finalidad de dar cumplimiento a los planes de trabajo que en ocasiones están ajenos a la caracterización de cada territorio.

Sin embargo las experiencias de las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia no existen en muchos países de Latioamérica.

¿Tenemos o no nuestras Razones?

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