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Vionaika Martínez entre los intérpretes que tendrán su espacio en el Longina.

Comienza enero, y Santa Clara contiene por unos días la euforia de fin de año. Sin embargo, la tranquilidad dura poco en la ciudad. Desde todas las provincias del país llegan los juglares con su guitarra al hombro para robarse, entre cuerdas y canciones, el corazón de las muchachas. Traen consigo el espíritu bohemio de Sindo Garay, de Patricio Ballagas, de Rafael (Teofilito) Gómez, de Pepe Sánchez, y de tantos otros que hicieron historia en la cancionística cubana.

Esta vez, el Encuentro Nacional de Trovadores Longina canta a Corona, nombre original con el que se concibió el encuentro, llega a su edición veinte.

Vienen convocados por una canción, la que escribiría el caibarienense Manuel Corona a la mujer que hoy lo acompaña en su lecho a la posteridad: Longina, la de las curvas seductoras, la de la boca cual concha nacárea. Mantienen, a toda costa, el precepto de José Nicolás, de que «la trova sin trago se traba», sin importarles las miradas conservadoras, y amanecen descargando en el parque cuando la niebla invernal deja paso al sol matutino.

La génesis del «Longina»

Corrían los años noventa del siglo pasado y Cuba atravesaba el cruento período especial. A la sazón, la canción de autor cubano entró en crisis dentro del panorama de la música popular, y muchos cantautores y trovadores emigraron, principalmente, hacia España y Latinoamérica. Estaba en peligro la continuidad del movimiento.

Santa Clara no estuvo ajena al contexto cultural de la década precedente. Así que, teniendo como anfitriones a Amaury Gutiérrez, Julio Fowler y Carlos Trova Gutiérrez, y como organizadora a la entonces directora del Museo Provincial Abel Santamaría, Leida Quesada, surgieron los Encuentros de la Nueva Canción, efectuados en la ciudad en los años 1987 y 1988. Este evento, por desgracia, no continuó. Sin embargo, logró aglutinar a figuras destacadas de esa generación.

Con la venida de los años 90 toda esa movida languideció y la canción de autor contemporáneo quedó totalmente huérfana de espacios donde promover y exponer dicha manifestación musical a lo largo del país.

Eventos como el Festival Pepe Sánchez, en Santiago de Cuba, y el de la Canción Política, en Guantánamo, acogían, sobre todo, la trova tradicional y sonera, o tenían escaso poder de convocatoria intergeneracional. Solo Los días de la música, evento nacional de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), le otorgaba alguna presencia a este tipo de canción.

Fue así que — a partir del antecedente de los encuentros en el Museo Provincial— ya en 1996, en el seno de la Dirección Provincial de la AHS de Villa Clara, encabezada por el entonces presidente, el escritor Alpidio Alonso y con la coordinación de Eliot Porta, surge la idea de crear el Encuentro Nacional de Trovadores «Longina canta a Corona». El evento promovería a la más joven y emergente generación de cantautores y, a la vez, serviría como espacio de intercambio con las anteriores hornadas para estimular la nueva creación trovadoresca contemporánea.

El primer Encuentro Nacional de Trovadores Longina canta a Corona o el «Longina» —como se le abrevia popularmente—, comenzó una tarde invernal del jueves 9 de enero de 1997, día de la muerte del insigne caibarienense Manuel Corona, autor del tema que bautizaba al evento.

La brisa seca del primer mes del año llevó a los peregrinos ese día a la tumba del bardo y su musa, hecho que devendría acto simbólico tradicional del evento.

Hasta el árbol del centro

Los que crecieron entre los framboyanes de El Mejunje y tuvieron la oportunidad de vivir cada uno de los encuentros del «Longina» de seguro no olvidarán momentos irrepetibles en la historia de Santa Clara, como aquellos conciertos de César Portillo de la Luz (1999), Teresita Fernández y Santiago Feliú (2000), o el recital de Gerardo Alfonso, al piano, y la presencia de la compositora Marta Valdés al año siguiente.

También hay quienes recuerdan la conga Longina tacaña —parafraseo del tema de Roly Berrío—, encabezada en el 2001 por la trovadora Yamira Díaz. Tampoco, la noche cuando a David Torrens se le incendió su exuberante cabellera.

Muchos de los cantautores que hoy se encuentran afianzados en el escenario mediático-popular estrenaron sus primeras canciones aquí. Por el centro de la isla han pasado, sin lugar a duda, las mejores voces troveras de la nueva canción contemporánea. Este año no será diferente.

Cinco días de trova

La edición veinte del «Longina» iniciará el próximo miércoles 6 de enero justo a las 3:00 p.m., con la inauguración de una muestra fotográfica que recoge gran parte de la historia del evento. Horas más tarde, le sucederán las presentaciones del Trío Palabras, Juan Campos y Vionaika Martínez, en el patio de la Galería de Arte. El concierto estelar de esa primera noche en el teatro La Caridad estará a cargo de la popular y talentosa compositora Yusa.

En las mañanas y en las tardes ocurrirán talleres y conversatorios en la Casa del Joven Creador y en la Uneac. Esta vez arriban a la provincia cantores asiduos de anteriores encuentros y otros como Marta Campos, Gerardo Alfonso, Inti Santana o Ray Fernández, que hace cierto tiempo no se presentan en la provincia.

El jueves 7, antes de la descarga de La Trovuntivitis —anfitriones del evento—, el cienfueguero Ariel Barreiros ofrecerá un concierto en la sala Margarita Casallas. La tarde del viernes el espacio se reserva para Irina González, y en la noche para Inti Santana.

A las 5:00 p.m. del sábado, la Uneac abre sus puertas a Ariel Díaz y al dúo Cofradía. A las 9:00 p.m. Gerardo Alfonso actuará en «La Caridad», y el domingo, en el mismo coliseo, a igual hora, Pedro Luis Ferrer.

Este año el festival llegará a los municipios de Camajuaní, Caibarién, Placetas, Remedios y Sagua la Grande, y las descargas finales —a partir de las 11:00 p.m.— cambian su sede para la Galería de Arte.

La dominical despedida será con Ray Fernández, autor de temas tan conocidos como BucaneroTango a la conga y Lucha tu yuca Taíno. Como cada enero, los trovadictos de toda la provincia se mudan al parque Vidal, porque en el «Longina» mucho se descarga y poco se duerme.

(Con información de Laura Rodríguez Fuentes. Periódico Vanguardia)

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