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«Pensé que llegaba el final. El susto fue grande pues para terapia intensiva no se envía por gusto», suscribe Norlen Silverio Ramos quien desarrolla su vida normal, aunque al principio no podía ni cargar un cubo de agua.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

La vida de Norlen Silverio Ramos transcurría bajo absoluta normalidad para quien se desempeña como Agente de Seguridad y Protección en el segmento de Los Alevines y la Presa Alacranes, correspondiente al poblado de Sitiecito.

De vez en cuando su patrón alérgico de base le recordaba que lo lleva a cuesta desde la infancia cuando aparecían demasiadas ronchas en el cuerpo que demandaban tratamientos en La Habana motivados, quizás, por aquellos infortunados parásitos alojados en el duodeno.

El tiempo pasó, y en una de estas mañanas montaba a caballo sin percatarse de la proximidad de una avispa común. De pronto el aguijón del himenóptero dejó sus huellas sobre el pómulo izquierdo del joven que sentía, por aquellos días, los signos de un fuerte estado gripal. Era la primera vez, en sus 32 años, que sufría este tipo de picada.

La jornada prosiguió en aparente calma hasta que bien entrada la noche apareció la entumición en uno de sus brazos para ofrecer la nota discordante.

EL SUSTO DE LOS SUSTOS

Era ya la hora de que los componentes del núcleo familiar decidieron acostarse en espera del nuevo día, pero Miriam Álamos Delgado, la suegra, a lo mejor tuvo sus presentimientos, y como mujer precavida se acercó al muchacho para indagar por aquel malestar gripal.

«Entonces Norlen me confesó sentirse muy mal. Lo vi pálido, sudoroso, y le dije a mi hija que era necesario llevarlo a la posta médica sin pérdida de tiempo. Así lo hicieron, y mi esposo también los acompañó».

Serían entre las 10:00 y las 11:00 p.m. Ya el joven no podía más. En el consultorio, situado en la empresa azucarera Héctor Rodríguez,  la doctora Sandra López cumplimentaba su guardia. Ella tomó los signos vitales que arrojaron una presión arterial relativamente baja (110 X 70), mas el buen ojo clínico hizo que lo remitiera al hospital 9 de Abril de Sagua la Grande para proseguir las investigaciones pertinentes.

Pasadas las 12:00 de la noche arribaron a la institución hospitalaria de la Villa del Undoso, y al constatarse los resultados del electrocardiograma inició el corre corre.

«Yo fui el primer sorprendido —precisa Norlen—al ordenarse el ingreso en la Sala de Terapia Intensiva. Nunca perdí el conocimiento, ni tampoco existieron taquicardias; sin embargo, los estudios proseguían».

En el interrogatorio médico se buscaban detalles inusuales ocurridos durante el día, y casi de casualidad salió a relucir la picada de la avispa que le puso el rostro al joven como si padeciera de un intenso acné juvenil, aunque sin ápice de inflamación.

Y cuál sería la sorpresa para él cuando el colectivo médico le informó la presencia de un infarto motivado por un cuadro alérgico. 

Mientras tanto en el hogar de Sitiecito reinaba la preocupación. Miriam daba pasitos de aquí para allá sin poder conciliar el sueño.

En medio de la incertidumbre una vecina propietaria de teléfono le comunicó que lo iban a pasar para Terapia Intensiva.

«El impacto fue terrible. Mi esposo salió a la carretera a ver si encontraba algún transporte. Por suerte llegó bastante rápido».

Cuatro días permaneció Silverio Ramos en una Unidad de Cuidados Intensivos. «La glicemia dio movida sin ser diabético, al igual que otros parámetros. Con los sueros los malestares desaparecieron hasta que recibí el alta. Bajé de peso de manera considerable, pues de las 210 a 215 libras habituales quedé en unas 180. Desde entonces tengo seguimiento médico, y chequeos completos, y pensé que ya me había despedido de mis problemas de alergia, pero la picada de la avispa hizo saber que estaba muy lejos de lo que imaginaba».

LA MIRADA DEL GALENO

Todavía la junta médica estaba sorprendida cuando al día siguiente el doctor Yamir Santos Monzón, especialista de primer grado en Medicina General Integral, en Cardiología, y Profesor Asistente de la Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara, entró a la Sala.

«Lo recibí luego de ser atendido por otros galenos desde la madrugada.

El episodio se denomina literalmente Síndrome de Kounis o síndrome coronario agudo alérgico, y en realidad la punzada resultó la casualidad. Esta fue la desencadenante del síndrome coronario agudo y de su progresión hasta ocasionar el infarto agudo de miocardio.

«Los componentes del líquido de la avispa al entrar en contacto con el patrón alérgico provocaron el hecho que puede ocurrir, además, ante situaciones inducidas por determinados medicamentos o hasta por alimentos como el maní. En dichos casos pudiera derivar en un infarto o quedar en una angina de pecho», afirma el titular.

Apoyado en su experiencia profesional Santos Monzón refiere que existen otras personas sometidas a objeto de investigación. Solo en Sagua la Grande se reconocen cuatro sucesos atribuidos a la Duralgina, el Ibuprofeno, y la Acitromicina con su correspondiente seguimiento. Tres de ellos no llegaron a infartar, pero sí reportaron angina.

Norlen Silverio Ramos posee tratamiento por cardiología y alergología. Diez días después del egreso se le practicó ecocardiograma con resultados normales, y comportamientos valvulares sin contratiempos. Tampoco arrojó dilatación de cavidades, y luego se sometió a otras pruebas que demostraron una frecuencia cardiaca, signos hemodinámicos y estado de las coronarias bajo total normalidad.

Mientras tanto prosigue su vida. La disfruta en el ámbito familiar, junto a las travesuras de su pequeño Eduard, de dos años, nacido después del infarto de su papá, y que también despunta como alérgico.

Por su parte Yamir continúa inmerso en sus estudios. Para él: «las satisfacciones de los pacientes resultan esas motivaciones que nos hacen ser médicos, y mantenernos algunas madrugadas dedicadas a la investigación. Los galenos aprendemos a resignarnos, pero ante un caso que no podamos resolver evidentemente nos quita el sueño porque ante todo somos humanos, sentimos y padecemos».

Así se tejen historias como las de Norlen Silverio Ramos, el sagüero que da gracias a la vida y al enorme talento humano por convertirlo, sin querer, en un sobreviviente inusual. 

MEMORÁNDUM

— El síndrome coronario agudo alérgico —también conocido como Síndrome de Kounis— posee poca divulgación, aunque se ha incrementado el número de reportes a escala internacional.

— Fue descrito en 1991 por Kounis y Zavras en el contexto de las reacciones alérgicas, y llega hasta provocar un infarto agudo de miocardio.

— La primera experiencia descrita en el mundo ocurrió, precisamente, por la picada de un himenóptero que al encontrar una base de alergia vulnerable desencadenó el evento agudo.

— Dichos episodios pueden presentarse a cualquier edad, y no existen evidencias marcadas de que estén asociados a factores hereditarios.

CONTRASTES

A nivel internacional no aparecen descritos muchos casos similares debido a que existe una especie de sub registro que los enmascara.

Solo Suecia y los Estados Unidos presentan estudios de prevalencia de estos hechos, mas solamente el publicado por los suecos advierte que entre el uno y el dos por ciento de los infartos no son atribuibles a eventos coronarios clásicos.

En el caso de los norteamericanos han mostrado registros de infartados cuyas coronarias presentan condiciones normales, mientras España y Brasil refieren situaciones similares pero causadas por el contacto con determinados fármacos.

En Villa Clara se investigan dichos sucesos a tenor de que aún no existen guías terapéuticas mundiales que rijan la conducta a seguir. No obstante los galenos deben tener en cuenta lo concerniente a patrones alérgicos a la hora de realizar un diagnóstico.

¿Tenemos o no nuestras Razones?

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