20141204133803-file-20661.jpg

Por Ricardo R. González

De una manera peculiar, con la luna del 64, celebrará la trovadora Liuba María Hevia Jorge sus cinco décadas de haber llegado al mundo con un concierto único, fijado para el 13 de diciembre en el teatro Mella de la capital cubana.

Un título peculiar porque, precisamente, 1964 marca el año de su nacimiento, y será como el reencuentro necesario con su público para evocar su trayectoria artística con aquellas canciones que han marcado pautas en la vida de todos.

Convertida en una de las voces imprescindibles de la cancionística cubana, Liuba despuntó como esa niña traviesa que veía en la guitarra su inseparable compañía y confidentes de tantos «secretos cantados».

Su paso por el Conjunto Artístico de las FAR, o las vivencias como pedagoga de infantes la consolidaron como artista y ser humano para revolotear ese manantial que irriga la canción, la guajira, el tango, la habanera, el son o la parranda como saltarinas inquietas que buscan la perfección, el lirismo, y, sobre todo, el arte de quilates.

Mención especial merece su trabajo con la música infantil como digna continuadora de nuestra Teresita Fernández. No por gusto su disco «Travesía mágica» le valió el Premio de la Feria Internacional CUBADISCO 2002 en la categoría que reconoce la obra dirigida a la siempre esperanza del mundo, en la que desempeñó un rol de primer orden la poetisa Ada Elba Pérez (1961-1992), quien también es autora de muchos de los temas vocalizados por Liuba.

Por la década de los 90, la cantautora le impregnó un matiz peculiar a la música campesina. A su manera, y con su sello, revitalizó el trino del sinsonte, las palmeras, el riachuelo, las tonadas o la simple nobleza guajira a través de ese ajiaco interesante que mezcla el laúd, el tres o el violín, sin apartarse de las verdaderas raíces.

Y otro de sus aspectos notorios radica en el rescate de la habanera, un género renovado por ella para pasearlo por ultramar, llevarlo hasta España, y devolverlo con aires del Morro, con signos de la Jiribilla, y la policromía antillana.

Su discografía es dueña de excelentes resultados artísticos que muestra sus distintivos.. Pudiéramos decir que cada disco presenta su propia «personalidad» que lo difiere del anterior, aunque de conjunto sean como esos hijos salidos de entrañas creadoras y obsesivas por el buen arte.

«Coloreando la esperanza», su primer CD, «Alguien me espera», «Del verso a la mar», «Ilumíname», «Ángel y Habanera», «Puertas», y «Naranjo en flor» son ejemplos, entre otros, del por qué Liuba María Hevia nos toca las disímiles aristas de la existencia y nos hace sus confidentes envueltos en absoluta complicidad.

Este 14 de diciembre anda de cumpleaños. Gracias, entonces, Liuba por ese duende intranquilo que nos traspasa la epidermis, sube a la montaña, baja a la ciudad, cruza los mares, para alimentar los múltiples y complejos manantiales de la vida gracias a tu «señor arcoíris» de encantos.

También puede ver este material en:

http://ricardosoy.wordpress.com

https://twitter.com/cibergonza