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Por Ricardo R. González

Aunque los reportes internacionales consignan ciertas disminuciones del VIH/SIDA en determinados países, preferiría pensar que son ciertas y que no se trata de un incentivo para alegrar al mundo, sobre todo hoy en que cada 1 de Diciembre el universo implora reflexiones y cambios de conducta en torno al tema.

Sin embargo, luego de tres décadas de que se conoce el flagelo aun la llamada —y necesaria— percepción del riesgo se esfuma entre muchos de los que comparten las bondades e infortunios de ser terrícolas.

Es cierto de que existe mayor respeto hacia la orientación sexual que decida cada persona, pero el virus prosigue sus estragos sin distinguir sexos, razas, religiones o nivel educacional porque lo que permanece invariable es que un solo desliz, una conducta sexual irresponsable puede cambiar el curso de una persona.

El amor a primera vista, las salidas irresponsables, los juegos sexuales sin la debida protección, la falta de una educación sexual adecuada… nos hacen candidatos a una enfermedad para la que todavía no se cuenta con un tratamiento efectivo, por lo que el comportamiento humano constituye, hasta el momento, la única herramienta imprescindible a fin de evitar nuevos contagios.

En este contexto resulta imperdonable esos seropositivos que ocultan su condición, y siguen incorporando nuevas víctimas a su larga lista, como también quienes rechazan el condón y hasta lo ven ajeno e innecesario.

Otros temen hacerse la prueba del SIDA por temor a descubrir la verdad o por desconocimientos. Se consideran campeones olímpicos que dan muestra de ser irrevocables heterosexuales, machos, varón, masculinos, como diría el doctor Julio César González Pagés, y sin embargo algunos han caído, con el paso de los años, en las temibles redes.

No olvidemos que al tener relaciones sexuales desprotegidas y fortuitas se están compartiendo las que acumula la pareja en una década atrás. Quizás hasta más.

Cuba no escapa del SIDA desde que en 1986 registró los primeros casos, aunque en los registros aparezcan como los más bajos del área.

Desde entonces acumula miles de contagiados y no pocos fallecidos. En algunos municipios disminuyen los casos, pero en otros la tendencia se incrementa, por lo que impera la cartilla de la prevención y la toma de conciencia individual si queremos que el rumbo de la vida adquiera otra policromía en los años venideros.

Como expresara alguien recientemente: «Por cada seropositivo hay miles de serodesconocidos a nuestro alrededor», y cuánta razón le asiste a la colega Mileyda Menéndez, del diario Juventud Rebelde.

A mi modo de ver lo cierto es que en cada historia, por disímil que resulte, hay responsables, y a la vez innumerables irresponsables. Ganarle a la vida le corresponde a cada uno de nosotros. No deje que el sol se eclipse para siempre y tribute noches de pesares interminables.

Recuerde que el SIDA existe, está a la caza, porque aún es un flagelo que no selecciona sus destinatarios.

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