20130813140405-foto-4.jpg

La piscina queda también a disposición de personas que asisten por un solo día, y a partir de este año se incorporó la pizzería muy próxima a este punto de baño.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

Hace tres años que Pedro Hernández Miranda visitó por primera vez la Base de Campismo de la Presa Minerva. Desde entonces la ha convertido en su propio paraíso terrenal porque no encuentra otro sitio donde la Naturaleza le regale tanta armonía entretejida con el paisaje.

Por poco no puede asistir este año. La salud le jugó una mala pasada, pero su temperamento venció los contratiempos, y en pleno julio expresaba a su llegada «Ay Minerva, te vuelvo a ver».

Ya con 68 calendarios a cuesta al camajuanense le parecen cortos los siete días que acostumbra a pasar en un sitio donde la cultura del detalle aparece por doquier, y gracias a ello sus trabajadores no tuvieron que correr una vez asomado el verano.

Para su director, Yunier Dorta Martín, solo fue dedicarse a pequeños detalles, pues las habitaciones presentaban buen estado constructivo. «Por eso nos dedicamos a los retoques de pintura, carpintería, y algún que otro repello acometido desde mayo».

Así van haciendo historia, en medio de una música que se amplifica sin estridencias al oído, y que, al decir de muchos visitantes, constituye un sitio perfecto para el descanso.

DE MIRAS AL SOL

Al sitio llegan vacacionistas de diferentes partes, aunque Santa Clara, Placetas, Camajuaní, Encrucijada y Cifuentes llevan la voz cantante.

Aurora Álvarez Ríos es la recepcionista hotelera y jefa de brigada de alojamiento. Anda de aquí para allá en busca del confort del cliente que asiste bajo diversas modalidades de estancia.

«Puede ser por tres, cuatro, cinco, o por siete días, a lo que se suma la variante de excursión (pasadía) con personas que vienen por sus medios a disfrutar de parte de una jornada».

Quien se decida por esta opción deberá abonar 10.00 pesos en moneda nacional a la entrada, y tiene derecho a disfrutar de la cafetería, la piscina, y otras ofertas desde las 9:00 a.m. a 4.30 de la tarde.

«No habrá acceso a las cabañas ni al restaurante, a la vez que se admite la entrada del personal hasta las 2.00 p.m. debido a que no es justo cobrar la estadía por algo más de dos horas», advierte Aurora.

Mientras tanto Yunier mantiene el criterio de que una sola persona insatisfecha del campismo pesa más que cien hablando maravillas. Por ello recurren a un sistema de encuestas como retroalimentación de sugerencias, estados de satisfacción, quejas, o si se trata de algún problema colectivo o responsabilidad de algún trabajador en particular.

«Hemos resuelto planteamientos relacionados con el alumbrado público que constituía un punto débil en etapas pasadas, mientras el agua fría ya está cerca de la piscina luego de instalarse la nevera pequeña».

Una plantilla de 38 obreros responde por el curso de los días en la Base de Campismo de la Minerva a tenor de que la institución no cierra las puertas y trabaja los 365 días del año.

Cuando finaliza el período estival hay muchas familias que retornan al lugar, y la Base mantiene entre el 68 y 70 % de explotación fuera de la temporada. Quizás ya sin tanto calor, pero con el tesoro perenne de escuchar el canto libre de las aves, el sonido de cascada proveniente del río cercano, o de adueñarse de ese ambiente de sosiego que disipa las tensiones y enriquece la espiritualidad humana.

Sin dudas, esta Minerva no resulta la diosa de la sabiduría, pero en el camino de las complacencias abre un entorno natural que ofrece magníficas bienvenidas.

También puede ver este material en:

http://ricardosoy.wordpress.com

https://twitter.com/cibergonza