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José Rubiera: «Soy meteorólogo de oficio y periodista de corazón»

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Por Ricardo R. González

Fotos: Carolina Vilches Monzón

San Antonio de Río Blanco vibra cada vez que su acostumbrado «Hola, qué tal» irrumpe en la pantalla televisiva porque ese pueblo, ubicado en las proximidades de Jaruco, alimentó los primeros andares de José María Rubiera Torres en sus intenciones infantiles de subir a las nubes, desafiar la lluvia, imponerse a los vientos, saber qué había detrás de las ondas y depresiones, o descubrir los secretos en la ruta de los temibles huracanes.

El oficio nació con él, a lo mejor por aquella pasión de su tío de coleccionar en un álbum la trayectoria de los ciclones. Ahora, con los años el científico rememora las vivencias como flashes que corren por su mente.

Se imagina entre aquellos eventos en que lo mandaban a dormir a temprana hora a fin de resguardarlo del peligro, pero con la llegada del Flora ya cursaba la secundaria y escuchaba las informaciones. No había dudas, la Meteorología lo motivaba y estaba dispuesto a derribar todas las barreras posibles.

«Un día leí la convocatoria para matricular en un curso. Estudiaba, en aquel momento, el segundo año de Física en la Universidad de La Habana, y tenía la oportunidad de ingresar en la tercera edición especial que realizaba la Escuela de Meteorología».

No lo pensó dos veces. De los 700 presentados a la entrevista escogieron a 88, y en 1969 recibió la noticia de que formaría parte de los seleccionados para una experiencia en la que solo se graduaron 20.

Ha llovido mucho, y confiesa sentirse un hombre realizado en diferentes facetas de la vida, incluso desde que en enero de 1981 debutó en la televisión para educar con su magisterio.

Por entonces se colocaba un mapa que se caía constantemente debido a que el calor de las luces debilitaba la precinta, sin contar las tensiones ante una trasmisión en vivo.

En conversaciones anteriores Rubiera relató muchas anécdotas que las tuve guardadas en la agenda hasta ahora en que la Universidad Central de Las Villas lo invistiera como Doctor Honoris Causa en Ciencias Físicas.

— ¿Ser un hombre de imagen pública le trae contratiempos?

— Todo lo contrario, me anima, a veces camino una cuadra y me detienen diez personas, un periodista, o cualquier aficionado y a todos atiendo porque lo veo como parte de mi vida.

La existencia de un meteorólogo es como un verdadero huracán, intensa, desvelada, una guerra de nervios aunque tratan siempre de ocultarla para simular calma...

— El quid de la profesión radica en un pronóstico incumplido, porque no estamos en presencia de una ciencia exacta.

Cuando el meteorólogo hace un vaticinio su cabeza sigue funcionando hasta verificar qué ocurrió, si no se cumple empieza a buscar las causas que modificaron la situación, máxime en este entorno de cambio climático en que debemos tener huracanes más intensos con más lluvias.

— Sin embargo el mundo de las predicciones constituye un verdadero rompecabezas…

Son pronósticos. Los modelos de computadoras existentes incluso en potencias desarrolladas no los ofrecen por más de 14 días. Cuba ronda por el 87 % de precisión, índice superior a Inglaterra y Japón, pero en el caso de las islas difieren de los continentes.

A medida que se acorta el tiempo aumentan las posibilidades de realizarlo con mayor exactitud, pues aún la Naturaleza no permite descubrirle todos sus misterios.

— ¿Y nunca le ha molestado que hablen del Instituto de «Mentirología» o que un humorista lo tome como carta fuerte?

En todos los países se lanzan chistes a partir de nuestra profesión. Hablan del Instituto de «Mentirología», mas no me preocupa porque creo que hemos ganado la confianza popular y hasta los propios profesionales del humor nos han tratado en los últimos años con extraordinario respeto.

— En la vida de todo profesional existen momentos perdurables ¿Cuáles serían los suyos?

— Los encuentros con Fidel en aquellas visitas al centro ante el peligro inminente de cualquier ciclón. Venía a solidarizarse con nosotros, a informar a la población, sin dejar de hacer acotaciones importantes que muchas constituyeron verdaderas lecciones.

— Y los que quisiera olvidar?

— Eso desearía, pero no puedo. En octubre de 1988 recibí una llamada. Debía partir de inmediato hacia Nicaragua que estaba amenazada en su costa atlántica por el huracán Joan con categoría 4.

Esa misma noche intercambiaba con Daniel Ortega y otros compañeros de la Defensa Civil cubana para tratar de orientar al máximo. Al día siguiente viajé a Bluefields y pude constatar los estragos del monstruo en carne propia.

Otro inolvidable y hasta anecdótico ocurrió en 1982. Habíamos pasado por un período muy lluvioso a causa del huracán Alberto. Cuando aquello era un simple profesional, el parte ya estaba hecho. Un colega debía asistir esa noche a la televisión y no pudo hacerlo. Fui como bateador emergente y el pronóstico hablaba de buen tiempo y disminución de las lluvias; sin embargo, en la zona de Guanabo, en la parte este de la capital, y en otros puntos cercanos llovió de manera torrencial, incluso con grandes inundaciones. Podrás imaginar…Se inscribe como la jornada más triste que recuerde.

— ¿Es cierto que condiciona sus vacaciones al comportamiento del tiempo?

— Sí. Quedan a merced de las condiciones climáticas. Por lo general, selecciono julio al resultar un mes de escasos registros, pues en 200 años Cuba solo ha reportado tres huracanes.

— En estos tiempos se habla mucho de percepción del riesgo ¿Cree que la población cubana tiene sentido cabal para enfrentar las contingencias meteorológicas?

A mi modo de ver se ha incrementado en los últimos años, pero no en todos los sitios por igual. No es lo mismo imaginar los efectos de un huracán a sentirlo. La zona oriental del país antes de 2000 nunca había tenido eventos de gran intensidad, quizás ello explique lo que ocurrió con el paso de Sandy en Santiago de Cuba. No estaban preparados para ello. Carecían de una memoria histórica de lo que constituye esa furia desbocada porque nunca sus pobladores la había sentido.

— La Universidad Central acaba de investirlo como Doctor Honoris Causa en Ciencias Físicas ¿Alguna connotación particular?

— Me satisface mucho que la determinación haya partido de esta casa de estudios al resultar la única en el país que dispuso de un departamento de Meteorología, cuya dirección la asumió quien fuera uno de sus rectores, el Doctor Agustín Anido.

Diría que a partir de esta experiencia nació la semilla del actual Centro Meteorológico Provincial.

Ya me unen profundos sentimientos a este claustro, a sus estudiantes, a la vida de la Universidad… Quieres más regalo para un simple servidor.

— ¿Qué opinión le merece la Meteorología villaclareña?

Son profesionales de excelencia y lo han demostrado en la práctica. La región central del país tiene esta distinción, y hemos trabajado siempre en estrecha coordinación, al igual que con otras partes del país.

De aquí es José (Pepe) Bueno quien fuera fundador del Centro Meteorológico local y una cátedra dentro de la especialidad. Puedo decir que sus continuadores han seguido la tradición de manera ejemplar.

— Luego de recibir la distinción expresó que un huracán categoría 5 pasaba en esos momentos sobre usted… ¿Fue tan intenso?

Por la carga de emociones, porque revives situaciones, personas, familiares, amigos que están o no, pero que contribuyeron a transitar por el camino. Vino a mi mente aquel tío de que me hablaste que sin dudas fue el precursor para motivarme por la meteorología, y mi madre dentro de aquella casa de madera en San Antonio de Río Blanco, mi pueblo natal.

— Fuera de mapas, pronósticos, modelos y cámaras de televisión ¿cómo complementa su vida?

Con los mismos gustos y preferencias que cualquiera, alguien que le apasiona compartir en familia, y le encanta ver las películas sabatinas siempre que pueda.

— Y en béisbol ¿Industrialista o inclinaciones fuera de La Habana?

— (Ni batazos ni bases robadas)…Tres palabras para responder… Me lo reservo.

— En 2012 sorprendió y presentó su debut como fotógrafo…

— Las fotos son momentos de la propia vida, de una expresión, de un detalle… y así presenté la primera muestra personal denominada Imágenes en el tiempo, que dispone de 40 instantáneas captadas desde 2008 en diversas locaciones cubanas y de otros países.

— Ante tantas distinciones y reconocimientos ¿Cómo ve el doctor José Rubiera a José Rubiera?  

— Una persona normal, a quien la vida le concedió cinco hijos, seis nietos, una esposa que constituye mi apoyo y brazo derecho, y con múltiples responsabilidades que trato de cumplir.

— Entonces, ¿comunicador por excelencia o apasionado meteorólogo?

Las palabras me permiten orientar al pueblo y compartir conocimientos con un lenguaje entendible, por eso trato con mi trabajo de impedir desgracias personales y minimizar daños económicos.

Soy Miembro de Honor de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), y sin que me quede nada por dentro me definiría como un meteorólogo de oficio y periodista de corazón.

DOSSIER

José María Rubiera Torres nació el 22 de enero de 1946. Es Doctor en Ciencias Geográficas, y Honoris Causa en Ciencias Físicas.

Director del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología de Cuba y vicepresidente del Comité de Huracanes de la Región Cuarta de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que reúne a expertos de Canadá, Estados Unidos, México y de toda Centroamérica. También de Venezuela, Colombia y del área caribeña.

Autor de un libro, cinco folletos, más de 25 artículos especializados, a lo que añade nueve cursos de postgrado en Cuba y cuatro en el exterior, uno de ellos en el Centro de Huracanes de los Estados Unidos de Norteamérica.

Ha sido asesor meteorológico en varios países. Vicepresidente del Grupo de Expertos de la OMM en Comunicación Meteorológica y Educación, y diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular desde la quinta legislatura.

A sus avales añade el de resultar un excelente comunicador en función de su pueblo.

También puede ver este material en:

http://ricardosoy.wordpress.com

https://twitter.com/cibergonza

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