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Por Ricardo R. González

Foto: Ramón Barreras Valdés

Tiene 104 años, y hasta hace unos meses Eufemio Leopoldo Triana Figueredo era el primero en llegar a la Sala de Televisión de Ibarra, situada en el Consejo Popular La Quinta, a 11 kms de Camajuaní.

Ahora permanece en un sillón de ruedas, y su mente a veces divaga debido a los años, mas sabe que llegar al sitio impone vencer un camino complejo, lleno de pedregales y pendientes que priman en determinados segmentos.

Desde su casa observa esa especie de complejo mágico como única posibilidad para acercarse al conocimiento en una demarcación que suma 133 habitantes sin medios de transporte porque no existe una ruta establecida.

Yuneisy Denis Frías asume la coordinación de la Sala, y refuerza los propósitos del trabajo que van más allá de la garantía informativa a la población. Busca por aquí y por allá en función de actividades variadas para niños, adultos y ancianos. «Ello nos lleva al despliegue de iniciativas, pues debemos perfilar las acciones según los intereses de cada edad. Muchos de los juegos para los menores están elaborados a partir de iniciativas y recursos propios».

Desde el punto de vista televisivo el Noticiero Nacional de Televisión, la Mesa Redonda, el espacio de música campesina Palmas y Cañas, y toda la gama de programación deportiva y cinematográfica acaparan el seguimiento de los asistentes.

DESDE LA CAMPIÑA

Una vez por semana Pedro Alonso García emprende el camino hacia Ibarra. En ocasiones en bicicleta, pero otras con la fuerza de sus piernas. Está consciente de que sus pacientes lo esperan porque lleva en sus manos las técnicas de rehabilitación como otro de los tantos perfiles de estas dependencias en lo que concierne a la salud.

La vivienda más lejos dista unos 3 Km de la Sala, y hasta allí hay que llegar para atender a los encamados. Con ellos se hace un debate de prensa a fin de actualizarlos dentro del acontecer nacional e internacional, y cada siete días acude el médico de la familia para hacer sus consultas en la instalación.

Tampoco faltan las charlas educativas vinculadas con el cuidado ambiental, el alcoholismo, y el tabaquismo, sin restarle interés al préstamo de libros, o de periódicos —que llegan con un día de atraso— o a la realización de un encuentro de arte culinario que desarrolla las habilidades de la cocina.

Los domingos sorprenden a los bailadores cuando el danzón invita al festín, y retumban los números de antaño que dieron vida las principales agrupaciones y solistas de aquellos tiempos.

Otro de los coordinadores de la instalación, Ariel Gómez Rodríguez, insiste en la sistematicidad de trabajo que le ha hecho cambiar la mentalidad a muchos de los residentes en la zona. Por ello el pequeño colectivo, desde el punto de vista numérico, tiene la satisfacción de enseñar y alegrar los corazones.

Que lo diga Enelio Medina Rodríguez, el delegado de la zona 69, del Consejo Popular La Quinta, al ver que a partir de las 7:00 de la noche, con la Mesa Redonda, comienzan a llenarse los 30 asientos. Entonces, se hacen realidad las imágenes televisivas mediante la energía tributada por celdas fotovoltaicas.

Así un día y otro, una noche y otra, y desde lejos Eufemio Leopoldo Triana Figueredo aprecia la vida correr con una presión arterial de 120 X 80, la hemoglobina en 14,8, y un corazón que late a la par de un niño, según el especialista.

Fidelista y chavista al máximo, alguien que sabe de cujes de tabaco, y desconoce lo que es un medicamento, al decir de su familia, y con el placer de tener una hija que fuera la primera coordinadora de la Sala hasta hace unos tres años en que tuvo que dejarla para dedicarse al cuidado de su padre.

Esa obra la vio nacer. Por aquellos años pidieron un círculo social, y en 2002 les regalaron una maravilla en plena campiña que contó con el esfuerzo de todos. Algo inesperado y enriquecedor para la existencia desde el propio corazón de Ibarra.

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