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Los plátanos, son polimórficos, con 6 y 8 manos, y cada una tiene entre 8 y 12 pequeños frutos de color verde-oscuro. Los  frutos surgidos, tal vez, a partir de una posible degeneración genética, no cuentan con  asistencia técnica o empleos de abonos químicos.

El tallo herbáceo tiene unos 4 metros de altura, y como otras plantas similares, termina en una corona de verdes y hasta amarillas hojas. Eso  denota una posible invasión de la Sigatoka Negra, una enfermedad que reduce hasta en un 45% las posibilidades productivas del cultivo a escala extensiva.

A mitad de esa altura aparece el racimo, casi a ras de tierra. Lo que más abunda allí, en frutos de la familia de las Musáceas comestibles, es la humedad. La frescura y ondulación del terreno, está dada por la cercanía del río que atraviesa la ciudad de Santa Clara de sur a norte. Desde tiempos de la fundación de la urbe en 1689, en esos suelos se cultivó trigo, un cereal muy cotizado y competitivo en las jurisdicciones centrales de la Isla.

La Musa paradisiaca, equivalente a la Musa sapientum —nombre científico de la especie—, recuerda el historiador Plinio cuando  consideró al plátano como el alimento de la sabiduría. También se le denomina el Rey de los Vegetales por sus posibilidades de consumo verde o maduro (cocido) y de fruta fresca, como alimento o medicina.

 Vecinos de Santa Clara decidieron hace un tiempo aprovechar las bondades húmedas y fértiles del suelo con el propósito de fomentar un plantanal familiar. Apelaron a las posibilidades del terreno yermo, en las proximidades del río, con la finalidad, además, de evitar las concentraciones sólidas de los arrastres de las aguas.

 Varias son las producciones obtenidas, pero ninguna con las especificidades de frutos a mitad del tallo, hecho que llamó la curiosidad de vecindario. Al consultar a Fernando Acebo, por muchos años directivo de la UBPC Grito de Yara, en Lutgardita, Quemado de Güines --una de las mayores productoras de plátano en Villa Clara--, dijo que pocas veces se observa ese tipo de anormalidad. Al parecer todo está dado por mutaciones genéticas de carácter degenerativo.

Los frutos, cuando alcancen su desarrollo pleno, podrán consumirse, indicó. Sin embargo, puede que no registren un porte mayor del que tienen. Allí se denota desfoliación de la planta progenitora, escasa regulación de sombra, de deshije y el estado semisilvestre y de poca atención fitosanitaria del cultivo.

Fernando Acebo y otros cosecheros consultados ante la curiosidad botánica en ese platanal, señalaron que no descartan presencias sistemáticas de plagas y enfermedades. Refirieron, de acuerdo a las muestras fotográficas, posibles azotes de Thrips (Hercinothrips femoralis), así como de la Cochinilla algodonosa (Dysmicoccus alazon), ubicada debajo de las vainas foliares, y  de Ácaros (Tetranychus telarius), o de Nematodos (Helicotylenchus y Meloidogyne), principalmente por la poca profundidad del suelo ondulado en las cercanías del río Bélico, en Santa Clara.

En ese tipo de rara plantación, propias de un cultivo con enfermedades dudosamente controladas y carentes de asistencia técnica, se obtienen producciones dañadas. El hecho no impedirá el consumo fresco o cocido de los frutos, por lo general más pequeños y de menor peso que los de desarrollo normal.

¡Esperemos a que eso ocurra para una mayor consulta a sus consumidores! Por lo pronto, los vecinos insisten en que conservarán el racimo como rara o antológica producción de su platanal familiar.

(Con información y foto de Luis Machado Ordext. Periódico Vangurdia)

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