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Carlos Varela en vivo y bien acompañado

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Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba. Son las nueve de la noche del 12 de enero de 2013 y la gente se va sentando donde puede y donde no debe. Es un caos, un caos que intentan organizar las acomodadoras, un desorden del tamaño de dos mil personas, una anarquía que vale la pena soportar, porque todos saben que cuando encuentren un sitio, verán el concierto que esperan desde hace tiempo. La mayoría de los que están allí no han visto a Carlos Varela sobre un escenario.

La sala está abarrotada, los pasillos están llenos de gente. Mientras los dos mil doscientos afortunados que compraron entradas o lograron colarse, van buscando un sitio, los músicos de la Orquesta de Cámara de La Habana ocupan su lugar sobre el escenario, y cargan con los violines y cellos. Se apagan las luces y va entrando la banda. Piano, batería, bajo y guitarra eléctrica. Y finalmente (teatralmente) aparece la poesía: Carlos Varela.

Gritos, aplausos y empieza la música. Primero Como Los Peces, luego Nubes, después un pequeño sermón valeriano para dedicarle la próxima canción a su generación y toca Telón de Fondo. Fueron tres horas y media de las canciones que ya hemos escuchado, pero con el aire sinfónico de la Orquesta de Cámara de La Habana y los nuevos arreglos y solos de piano del joven maestro Aldo López Gavilán.

No encuentro las palabras para describirle este concierto a la gente que no pudo ir. Fue excepcional, solo por el hecho de que Carlos volvió a tocar Guillermo Tell y Monedas Al Aire por primera vez en varios años. Repito, duró tres horas y media, cuarenta y cinco minutos más que lo tenían previsto los organizadores, porque entre canción y canción, Carlos Varela hacia anécdotas de cosas que le pasaron dentro y fuera de Cuba, junto a Joaquín Sabina y Silvio Rodríguez.

Al presentar a sus invitados, contó otras historias: sus primeros encuentros con X Alfonso en los años ochenta, cuando este músico era solo un niño; las palabras de defensa del músico estadounidense Jackson Browne cuando el gobierno de Bush le negó la visa a Carlos Varela y a otros músicos cubanos, o su sorpresa al enterarse de que a Juan Formell le gusta “La Política No Cabe en la Azucarera.”

Otros de los invitados fueron Diana Fuentes, el cantante brasileño Ivan Lins y el peruano Eduardo Cabra, el Visitante de Calle 13, y también hubo otros que no cantaron, pero que estaban allí, como el actor Jorge Perugorría.

Por suerte, este concierto fue grabado para un DVD. Ojalá todos los que quieran puedan algún día ver lo que se vivió allí. Carlos Varela tiene la capacidad de impresionarnos con los mitos y los significado de sus letras, pero en la noche del sábado 12 de enero, su poesía solo era una parte de la química. Era mucho más grande. Era una mezcla entre la emoción de la gente, el sonido de la música, las luces, la escenografía, la informalidad entre amigos y la sensación de estar presente en un momento excepcional.

(Con información de Javier Ortiz. CubaDebate)

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