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CIDEM, Algo más que silbar

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«La integración con múltiples disciplinas de nuestra Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, con otras instituciones del pais, así como las publicaciones en prestigiosas revistas y premios internacionales realzan el prestigio del colectivo», precisa el doctor José Fernando Martirena Hernández

Por Ricardo R. González

Foto: Ramón Barreras Valdés

Para quienes tejen sus sueños profesionales en el Centro de Investigación y Desarrollo de Estructuras y Materiales (CIDEM) la vida resulta algo más que silbar. Cumplieron dos décadas de existencia, o más bien 20 duros años de trabajo y esfuerzos, de éxitos, fracasos, y lecciones aprendidas.

Solo 14 personas escriben esta historia en la que se consideran insignificantes en número, pero fuerza multiplicada fuera del recinto habitual. Por ello, su director, el doctor José Fernando Martirena Hernández, considera que la vocación de hacer ciencia desde allí está orientada a la aplicación práctica, tanto en la rama de ecomateriales como en la modelación de complejos rompecabezas de la ingeniería contemporánea.

Si de ecomateriales se trata surgieron en los años duros de los 90 cuando restaron las importaciones, disminuyó la energía y las producciones de las grandes industrias. Aún así el país decidió no detener los programas constructivos de viviendas.

«Sin dudas, imperaba el desarrollo de nuevas tecnologías para proseguir estas encomiendas en medio de coyunturas difíciles, de consolidar tecnologías prácticas, alejadas de investigaciones novedosas, para utilizarlas de forma masiva en proyectos sociales válidos en Cuba o en el resto del mundo», confirma el doctor Martirena.

Y montaron 158 talleres en todo el país que propiciaron miles de toneladas; sin embargo, al recuperarse, paulatinamente, aquellas coyunturas los planes se abandonaron, y perdieron su salud al no contarse con una atención estatal potente.

«Recomenzamos a partir de cero. Lejos de amilanarnos volvimos a retomar la idea pero a nivel de nuestros municipios. Iniciamos la experiencia en Sagua la Grande, allá por 1995. Sus talleres aun siguen en funciones, y ha sido uno de los territorios de mayores impactos con todas las tecnologías nuestras».

Y DESPUÉS DE TODO ¿QUÉ?

Fundado en 1992, el CIDEM tuvo como antecedentes el Centro de Estudios de Construcción y Arquitectura Tropical, instalado en la CUJAE habanera. Aquí habían desarrollado la teja de techo (Tevi), y los villaclareños decidieron ampliar el espectro para trabajar con alternativas de cemento. Lo suficiente para elaborar el CP 40 a partir de la ceniza de la paja de la caña de azúcar.

Hasta 2005 la experiencia de los ecomateriales fue extendida a ocho municipios villaclareños en tiempos en que la producción local no era la gran prioridad del Ministerio de la Construcción.

«Y en ese propio año el éxito del proyecto genera la atención de organismos internacionales para recibir, en 2007 el Premio Mundial del Hábitat entregado por la ONU, el más prestigioso hacia el área de los asentamientos humanos en el mundo, y que captó la atención de los donantes externos.

« Suiza propuso un proyecto internacional extendiendo la mirada hacia el oriente del país, y surgió el proyecto Hábitat 1, con experiencias en siete provincias cubanas, que puso en prueba todos los detalles cualitativos tras el azote, en 2008, de tres huracanes. Los donantes duplicaron los fondos, y en unos seis meses se ampliaron los talleres de 28 municipios a 48 que resultan los actuales para beneficio de más de cuatro mil familias».

Así logran cemento, áridos (gravilla y arena procesadas con tecnología china y otra parte cubana), así como elementos de pared, y bloques de hormigón, a razón de unos 8 millones por año.

El trabajo hizo que la dirección del país captara la trascendencia de esta línea, y en una de las sesiones del Parlamento Cubano se planificaron unos 20 minutos para la explicación del proyecto; sin embargo, el tiempo total alcanzó las dos horas.

Algo determinante ha sido la producción de cemento ecológico o de bajo carbono, que reduce el contenido de clinker, como componente más caro del producto, por encima del 40%. De manera experimental procesan, en la fábrica de Siguaney, unas 300 t con la idea de vender en la red de mercado nacional.

Y no queda a la zaga un bioplastificante destinado a mejorar las construcciones, que se encuentra en proceso con el Instituto Finlay, de la capital, a fin de alcanzar un millón de litros por año.

Cada uno de los recursos disminuye los costos productivos y de portadores energéticos comparados con los materiales convencionales.

Sin embargo, la visión sería incompleta si no aparece el otro grupo del CIDEM dedicado a las investigaciones matemáticas aplicadas a resolver complejos problemas de la ingeniería en múltiples lugares del país, en cooperación con la Empresa Nacional de Investigaciones Aplicadas (ENIA), o de aquellos encargados de la modernización del armamento cubano.

— La personalidad del doctor Fernando Martirena y del propio colectivo está muy ligada al fomento del bambú ¿Acaso el tema resulta ya agua pasada? 

— De ninguna manera. Es un ecomaterial muy fuerte que posee, además del detalle constructivo, la cualidad de sanador del Planeta por su captación de CO2, e influencias en la mejora de los suelos, entre otras características.

Hay 6 mil hectáreas sembradas en el país, y se ha creado una cultura a su alrededor, incluso el Ministerio de la Construcción solicitó a la ECOAI 25 el montaje de una planta de producción de andamios a base de bambú para las viviendas, por lo que seguirá vivo al menos en los próximos 20 años.

En su duro bregar los integrantes del CIDEM se sienten útiles, sin quistes que entorpezcan el camino porque respiran una madurez que los ha llevado a consagrarse, y a ver el futuro sin encontrarlo tan distante como las propias estrellas. Por eso para ellos la vida es algo más que silbar.

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