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José Manuel Carreño, te queremos…

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“¡Totó, te amo!” —gritaba una muchacha casi a punto de perder la voz. José Manuel Carreño —Totó para sus amigos y admiradores— no debió haberla escuchado. Los cientos de personas que abarrotaron el teatro Mella lo ovacionaban sin intenciones de dejar de hacerlo. Imagínense un teatro completo de pie, aplaudiendo y gritando… Así estaba el Mella. Los bailarines que acompañaron a Carreño en su espectáculo no salían del asombro, en las caras se les notaba. Aquello, más que una función de ballet, parecía el epílogo de un concierto de rock. Los bailarines salieron una y otra vez al escenario. José Manuel Carreño tiene un pueblo, nada más había que estar allí.

El Festival de Ballet de La Habana reserva siempre estos encuentros del público habanero con sus estrellas de toda la vida. A José Manuel Carreño lo están siguiendo desde hace mucho tiempo, desde que era la joven promesa del Ballet Nacional de Cuba. Creció y se convirtió en uno de los grandes del mundo, aclamado por la crítica y los aficionados de las grandes plazas del ballet. Pero nunca rompió sus vínculos con su compañía original, con sus seguidores cubanos, con su país. Una y otra vez regresó, se presentó en festivales y galas, hasta que hace dos años consiguió un sueño de toda la vida: que la compañía que lo acogió durante varios años, el American Ballet Theatre (es la misma en la que Alicia fue primerísima figura a mediados del siglo pasado) viniera a La Habana en pleno.

Ahora Totó regresó al frente de un grupo de bailarines del American y del New York City Ballet, para presentar un programa concierto en el que confluyeron clásicos del repertorio tradicional, obras del neoclásico americano y obras más contemporáneas. Como invitados, tres bailarines cubanos: la pirotécnica Viengsay Valdés; el ídolo masculino del momento en Cuba: Osiel Gounod; y el talentoso Yanier Gómez…

La función comenzó con Transparente, de Ronald Savkovic, interpretado por Carreño y una bailarina de excepcionales condiciones Melanie Hamrick. Después Hee Seo y Alex Hammoudi bailaron el celebérrimo pas de deux del Romeo y Julieta de  Kenneth MacMillan. Erica Pereira y Daniel Ulbricht bailaron la Tarantella de Balanchine. Y aquí hay que hacer un alto, pues el público deliró con las proezas de Ulbritch, que gira como una peonza y salta como si tuviera resortes en los pies. Una de las preferidas de la “balletomanía” local, la argentina Paloma Herrera bailó el pas de deux de Cascanueces, acompañada de un bailarín de hermosa línea: Cory Stearns. Después de un intermedio, Hamrick y Hammoudi asumieron una pieza de hermosas composiciones: La pluie, de Annabelle López. Más tarde, la locura: Viegsay y Osiel pusieron de pie al respetable con el pas de deux del Cisne Negro, el non plus ultra del virtuosismo en el ballet cubano. Ulbritch volvió a asombrar con el Piazolla Tango. La cubana Xiomara Reyes acometió un Chaikovski Pas de Deux brillante junto a Gómez. Y para el cierre, Carreño y Paloma Herrera regalaron la sugerente Sinatra Suite de Twyla Tharp.

Fue un programa muy bien ejecutado. Pero el ambiente era propicio: la gente estaba ansiosa por ver a las estrellas del ballet americano, y por supuesto, a Carreño. No hicieron falta extraordinarias demostraciones. El Mella vibró.

(Con información de Yuris Nórido)

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