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Merceditas Valdés (Cuba)

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Por Ricardo R. González (*)

El etnólogo cubano Don Fernando Ortiz la bautizó como La pequeña Aché. Luego Merceditas Valdés demostraría lo que se escondía detrás de aquella diminuta estatura cuyos inicios musicales se deben a lo que ella consideró como conservatorios inusuales a partir de las improvisaciones callejeras, las casas de santos, o aquellas comidas criollas que concluían con un típico y cubano guaguancó.

Fue en el poblado ultramarino de Regla donde entonaba los cantos alegóricos a Yemayá, sin contar con profesores de títulos académicos, pero con la capacidad suficiente para convertirse en notables ejecutores y cantantes.

Así salió del barrio habanero de Cayo Hueso a La Corte Suprema del Arte con apenas 12 años. Escogió la pieza Babalú, muy difundida por entonces por el célebre Miguelito Valdés, y obtuvo uno de los premios.

A partir de entonces Merceditas comenzó a abrirse el camino y no faltaron las presentaciones en anfiteatros, clubes situados en la playa de Mariana, y en los programas radiales Rincón Criollo, y Radio Cadena Suaritos, sin restar los principales centros nocturnos como Tropicana y Sans Soucí.  

Fue en 1941 cuando Fernando Ortiz la seleccionó para ilustrar sus conferencias sobre la presencia africana en la música cubana. Sin dudas, la intérprete dominaba casi la totalidad del repertorio de cantos y rezos lucumíes y congos que dejó escuchar en clases magistrales durante diez años patrocinadas por diversas instituciones de la cultura nacional.

La propia experiencia y su posterior aprendizaje profesional hizo que Valdés ampliara su espectro e incursionara, además, en los cantos de cuna, las guarachas, el son, el pregón, y el bolero.

Ejemplos fehacientes aparecen en sus vocalizaciones de temas con la firma de Arsenio Rodríguez, Luis (Lily) Martínez, y Eliseo Grenet, entre otros.

Durante la década de los 50 fue incluida en la cartelera del Carnegie Hall de Nueva York, en el primer concierto ofrecido allí y dedicado a la música afrocubana.

La orquesta estuvo integrada por 80 profesores bajo la guía de Gilberto Valdés, y a Merceditas le cursaron la invitación para que interpretara los ritmos ancestrales en la actividad inaugural de la Televisión en Cuba.

Viajó por varios países de Europa y América, y sobresale la grabación de numerosos discos, sobre todo la serie realizada con la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM) con varios volúmenes denominados Aché.

En el caso de Aché III, correspondiente a 1989, resultó premiado por la mayor firma disquera del país con el Premio Síncopa de Plata por la minuciosidad en la recopilación de un repertorio de alto valor.

Su voz se registró también por los consorcios DENON y CBS Radio, en tanto el álbum Spirits Havana obtuvo el Premio Juno en 1993, conferido por la Academia Canadiense de las Artes y las Ciencias de la Grabación (CARAS).

Merceditas Valdés formó parte del grupo Oru, dirigido por el notable guitarrista y compositor Sergio Vitier, y posteriormente se unió a Los Amigos, guiado por Guillermo Barreto, su compañero en la vida.

Este 24 de septiembre hubiera cumplido 84 años, y en su última etapa de desarrollo profesional actuó con el grupo Yoruba Andabo.

Entre las condecoraciones recibidas aparecen el Diploma y Medalla de Oro Picasso, otorgados por la UNESCO.

Falleció en La Habana el 13 de junio de 1996, pero La pequeña Aché seguirá entre las grandes de siempre.

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

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