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Béisbol: Cuba en final de Haarlem tras remontar ante EEUU

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En un juego que tuvo que recurrir a la Regla Schiller para alcanzar el desempate, Cuba batió 5-3 a Estados Unidos y aseguró su presencia en la final de mañana, en la que enfrentará al vencedor en el partido entre Puerto Rico y la local Holanda.

Si algo debe aplaudirse a la tropa antillana -que ciertamente sufre hasta el delirio para producir a la ofensiva-, es la responsabilidad asumida por los lanzadores jóvenes, que cumplieron un rol clave en la victoria. Una vez más, ya es tradición, el pitcheo nos salva del fracaso.

Repasemos lo acontecido en Haarlem. Freddy Asiel, que no goza de mucha fortuna en partidos cruciales, se plantó en el box con la pistola humeante y la puntería a tope. Así, a fuerza de rectas pegadas y curvas fastidiosas, el muchacho fue echando tierra para atrás, y así se mantuvo durante cinco entradas en el volcán de los martirios con una sola carrera permitida por hit de Kyle Farmer.

Pero todo en la vida tiene un fin, y a Freddy debió relevarlo Norberto González en el sexto, cuando dejó a dos hombres en el circuito. El zurdo de Cienfuegos soportó entonces que le llenaran las bases con un infield hit, y ahí surgieron esos detalles que hacen ganar o perder un desafío.

El mando cubano apostó por Pedroso. Bases llenas, dos outs, rolling al torpedero. ¿Force out? Nada de eso. El hombre de primera había salido con el lanzamiento, “voló bajito” hacia segunda y llegó quieto en una situación que casi siempre desemboca en out. (Añádase al mérito del adversario que Rudy -improvisado camarero- arribó tarde a la almohadilla y por ende no alcanzó a estirarse, como es menester en estos casos).

En el séptimo, por primera vez embasamos a dos corredores. Se imponía traer a Guerrero sí o sí. Sin embargo, se prefirió a Pestano, y el enmascarado naranja se ponchó sin tirarle.

Lo que no haces, te lo hacen, dicen los comentaristas de fútbol. Y al parecer también vale para el béisbol: en la parte baja de ese inning, el supersónico Trea Turner abrió con doblete, avanzó a la antesala por wild pitch y activó la registradora gracias a un fly de sacrificio.

Tres por cero. Parecía un mazazo a las ganas de Cuba. Pero la tropa supo mantener el tipo, y en el octavo consiguió un empate que muy pocos -uno de cada ¿veinte?- vislumbraba.

Sencillamente, en todas partes cuecen habas. Pifió el manager Serrano al dejar que su abridor, Jonathon Crawford, persistiera en el box para el octavo. Mermado por la brega, el derecho le dio dead ball a Rudy, boleó al emergente William Luis y dejó el horno “cargado” al apagafuegos Bobby Wahl.

Un roletazo de Heredia puso a los corredores en posición anotadora. Otro de Rusney trajo el descuento en el score. Y luego Yuliesky, el vituperado Yuliesky, se ratificó como máximo impulsor de la escuadra en la última década, soltó un metrallazo por tercera sobre el que Treviño intentó hacer un fildeo sensacional, y pusimos al contrincante a tiro.

Un instante después, el hijo de Gourriel estafó la segunda, transfirieron a Cepeda y llegó el hit impulsor de Despaigne. El encuentro, increíblemente, se empataba.

Por supuesto, eso puso las tensiones muy cerquita del cielo. En un pestañazo, los norteamericanos ya tenían a dos peloteros en la ruta, uno por imparable, el otro por un toque de bola en el que no funcionó bien la mecánica (otra vez Rudy anduvo lento para la cobertura defensiva).

Ahí se fue Pedroso, sustituido por Ismel Jiménez. El peligro se mascaba en el ambiente, pero el espirituano sofocó la rebelión con un ponche y un rodado a su guante.

El noveno episodio no deparó nada para Cuba, que tuvo a Pestano a las puertas del plato, con un out y el velocísimo Lorenzen lanzando. Eso, porque Guerrero falló por el infield, y Heredia lo imitó a seguidas en jugada estrechísima que provocó la protesta de Víctor.

De ese modo, Estados Unidos quedó en posición de dejarnos al campo. Y, luego de un out, incluso colocó a un hombre en los senderos que decretó la salida de Ismel. Sin embargo, VM32 movió con acierto a sus piezas de bullpen: Leandro Martínez amordazó a Conforto y Pablo Millán se encargó de D. J. Peterson.

Por ese camino entró en escena la dichosa Regla Schiller. Cuba optó, para mí, por lo más indicado: toque de Rusney para que batearan Yuliesky y Cepeda. Y ambos Gallos negociaron boletos, Despaigne logró un elevado profundo a los jardines, y la situación se puso 5-3.

Todo listo para que Serrano, el regordete protestón, disparatara. Perdiendo por dos, no apeló al toque para buscar la igualada, y la innovación le salió horrible con el palomón de Johnny Field. Más tarde, Treviño “murió” en rolling a la inicial sin asistencia que adelantó a sus compañeros, y la presencia de Conforto en el home conllevó al reemplazo de Millán por Darién Núñez.

Zurdo contra zurdo, como le gusta a Víctor. Pero los norteños respondieron supliendo a Conforto por el diestro Lorenzen -pitcher por designado, cosa inusual en la pelota-, y éste apenas sacó un elevado a manos de José Dariel.

Inesperadamente, luego de ir debajo por tres anotaciones a falta de un par de capítulos, Cuba sacaba pasaporte para el juego decisivo. Un juego en el que, probablemente, la apertura corresponderá a Odrisamer Despaigne o, quizás, a Dalier Hinojosa.

(Con información de CubaDebate)

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