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¡Gracias, Pito!

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José Dariel Abreu, el jugador cienfueguero identificado en su uniforme con el número 79.

Por Ricardo R. González

Más de una vez he dicho que, en béisbol, soy santiaguero, y, por tanto, disfruté mucho la victoria de anoche en el estado 5 de Septiembre, de la Perla del Sur.

Marcador que cerró 9 X 6 a favor de unas avispas inquietas que aguijonearon a potentes elefantes en medio de una jornada de gala para José Dariel Abreu (Pito) al lograr su cuadrangular 35 en el actual campeonato de la pelota cubana e igualar la hazaña con  Alfredo Despaigne.

Sin embargo; el jugador de Cienfuegos atesora algo muy peculiar pues cada batazo descomunal lo dedica a una criatura, de 13 años, a quien los acertijos de la vida le trajo una parálisis cerebral de nacimiento que invalidó uno de los hemisferios en su diminuto cuerpo.

Peter Águila Prado es su nombre, y cada vez que puede va al estadio vestido con la réplica del uniforme que resalta el número 79, y cada vez que José Dariel logra que la bola surque el aire y viaje lejos por la fuerza del batazo lo dedica a ese pequeño que dibuja sus sueños con la pasión del ídolo.

Desde el home el pelotero indica a la grada, y así se lo regala, Suficiente para que la alegría de Peter traspase los límites y se sienta, en ese momento, el dueño merecido del universo.

Mucho pudiera hablarse de ti, José Dariel, pero ¿quién desconoce tu integralidad como pelotero y tu camino en la fila de primera dentro del béisbol cubano?

Por eso vale el aplauso y el respeto de la afición. Por ello cuentas con el regocijo de quienes confiesan que asisten al estadio en espera de un festival de batazos para seguirlos hasta el infinito.

Anoche no los defraudaste cuando en plena sexta entrada sacaste la bola por el mismo center a fin de insuflarle vida a unas graderías colmadas de esperanzas.

Eso está bien, pero las palmas mayores baten por tus cualidades humanas, por tributarle el brillo y la gloria a ese niño que, unas veces frente al televisor, y otras cerca de ti en el terreno, aguarda porque le sigas ayudando a dibujar su arcoíris. 

Quizás con el naranja, a veces con el azul, y sin que falte el verde identificativo de los elefantes cienfuegueros en materia de béisbol. Entonces, Peter y todos estamos de acuerdo en pedirte que sigas abonando las sendas de lo humano bajo el signo de un eterno: ¡Gracias, Pito!  

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