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Mi Comentario (Sistema de Atención a la Familia… Al SAF, ¡SAF!)

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Siete productos exhibía la tablilla del Complejo El Mamey, de Miller, en un día tomado al azar: arroz blanco, potaje de frijoles, pollo guisado, plátanos maduros, huevo hervido, ensalada de tomate y leche hervido. Dos platos fuertes, para almuerzo y comida, a menos de 2.00 pesos.             

Por Ricardo R. González

Foto: Carlos Rodríguez Torres

Algunas cosas apreciadas durante el recorrido de funcionarios del Partido y el Gobierno, a fines de febrero, para pulsar el curso de la vida en las comunidades villaclareñas me dejaron el sabor de una amarga pesadilla.

Hace años Cuba instituyó el Sistema de Atención a la Familia (SAF) entre sus líneas priorizadas. Una posibilidad extremadamente humana que garantiza la alimentación diaria (almuerzo y comida) de aquellas personas o núcleos familiares con muy bajos ingresos y de los que suman años, y tienen como única compañía la soledad de sus vidas.

Una estrategia que exige calidad en el servicio, en la cocción de los alimentos, la garantía de un nivel proteico sin que conlleve irlo a buscar a Marte o a Venus, y una correspondiente guarnición que propicie el balance nutritivo.

Y es inaudito que el SAF salga a relucir en no pocos lugares como detalle marcado por deficiencias con tufillo a pasividad o acomodamiento.

En estas visitas afloró la situación de la unidad El Escondite, de Vega Alta, Camajuaní, que llevaba más de un mes sin viandas ni vegetales.

Otro tanto en el correspondiente al consejo popular Coco Solo—Pueblo Nuevo, en Sagua la Grande, marcado por idéntico panorama, y sin disponibilidades de garantizar una dieta balanceada.

Y de ese territorio aparece el caso de Viana que sobrepasaba los dos meses sin dichas opciones —viandas y vegetales— en un sitio llamado al amparo de 30 comensales.

Por otros lares el existente en el consejo popular José M. Riquelme, de Quemado de Güines, también reportaba irregularidades.

No son todos los que están ni están todos los que son, y presiento que hasta el SAF haya quedado en algunos puntos de la visita en tercer, cuarto, o quinto planos ante otros acuciantes problemas que sofocan la vida contemporánea.

El caos no sacude al SAF, pero lo contrastante del caso es que salió a relucir el habilitado en Encrucijada Norte como ejemplo de lo que debe hacerse.

Y añadiría lo que ocurre en el complejo gastronómico El Mamey, ubicado en la demarcación placeteña de Miller, que mostraba siete renglones en su tablilla cuando decidimos visitarlo al azar un día de la pasada semana.

Advierto que este pueblito campestre no dispone de organopónicos, y sin embargo, contra viento y marea, y sin varas mágicas, trata de dispensarle vegetales a las 19 personas inscriptas.

Allí la Empresa Municipal de Gastronomía suministra el menú, mientras Acopio facilita viandas y vegetales para un sistema que labora de lunes a lunes, haya tormenta o huracanes, porque el estómago de los necesitados no cree en recesos ni en contratiempos.

Entonces, ¿Existen o no los llevados y traídos recursos? ¿Acaso Miller y Encrucijada son locaciones de otro Planeta? ¿Será necesario «clonar» a Rolando López Loro, al frente del complejo El Mamey, para lograr que se cumpla lo establecido en el resto de los SAF que no salen de inercia?

Me parece que la falta de iniciativas por parte de suministradores y responsables, la apatía por la autogestión, y el acomodamiento al vicio de esperar que, quizás, baje por la canalita, como especie de milagro, rondan por la mente de algunos, acompañado de pocas acciones.

Nadie pide manjares extraterrestres, pero sí algo digno dirigido al prójimo.

Inconcebible que en un país donde las carretillas de vendedores y revendedores exhiben variedad de viandas y vegetales a un precio celestial, la vía estatal no garantice posibilidades para pintar de verde el plato de esos seres humanos y reforzarlo con las viandas disponibles.

¿De dónde salen entonces esos productos que van a las carretillas particulares?, ¿De Marte, de Venus, o de qué galaxia?, ¿Vienen de Panamá, de Costa Rica, de allá o de acullá? Todos salen de los campos cubanos, por lo que impera que esas neuronas dormidas en varios municipios y que están comprometidas con el SAF despierten y hagan por la vida.

Y otro tema ¿Acaso todos los SAF villaclareños cumplimentan los requisitos de gramaje y peso establecidos? ¿Se elaboran los alimentos con la calidad requerida o se hace con esos deseos que impone salir del paso? ¿Suministran la cantidad de aceite y la sazón necesaria a fin de que la comida resulte apetecible y digerible?, ¿Reciben una supervisión periódica de las entidades competentes para conocer y evaluar cómo marcha el cumplimiento de la tarea, cuáles son las dificultades y las posibles soluciones?

No propongo reuniones exclusivas a fin de analizar el tema porque considero que muchas de las que se multiplican a diario resultan aburridas e innecesarias, ni creo que sea sugerente viajar a Miller o a Encrucijada en busca de copias, ni traer a Rolando López a Santa Clara a fin de que explique en un salón cómo hace para cumplir lo pactado en su unidad de Miller.

Es actuar ya. Pensar que se tiene en las manos la alimentación de personas mayoritariamente ancianas, llenarnos el corazón de esa sangre que traiga sensibilidad ante el hecho, y crecernos como humanos, dignos y plenos, que un día también llegaremos a la ancianidad sin saber en qué condiciones.

Habrá miles de obstáculos motivados por coyunturas económicas o de otra índole, pero lo que no puede bloquearse son las acciones en favor del bien. Esas que nos hacen grande como cubanos, y de las que estoy convencido que, de aplicarse nuevos métodos, el SAF abandonaría esa anemia que le come, y en muchos casos da al traste con su hemoglobina.

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