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Ramón Florín Trimiño al frente de la Agrupación 07 de Mantenimiento Constructivo en Manicaragua.

Por Ricardo R. González

Foto: Carolina Vilches Monzón

La Macagua, sede del Grupo Teatro Escambray (GTE)  palideció, y el escenario quedó casi en silencio entre las montañas de Manicaragua. El comején y otros demonios se encargaron de pasar la cuenta al hogar de unos cuerdos benditos que invadieron el sitio en busca de  públicos nuevos para hacer cultura a partir de sus historias.

Ramón Florín Trimiño está al frente de la Agrupación 07 de Mantenimiento Constructivo en Manicaragua, y como hombre conocedor de su universo sabe muy bien las consecuencias cuando el tiempo hiere por falta de mantenimiento.

Ahora mira ese entorno cambiado por sus hombres. Su vista repasa de un extremo a otro. Puede que no esté satisfecho por completo, mas reconoce que es otro, ya no es ni parecido a aquel escuálido recibido, hace más de un año, al iniciar la reconstrucción capital que insufló de vida al paraje.

Recuerda aquel octubre de 2010. Todos los techos estaban carcomidos por el comején que ya se hospedaba, también, en la madera.

«Hubo que hacerlos nuevos. El panorama era negro. Tuvimos que echarlos abajo, y sustituirlos por vigetas y tabletas, sin apartarnos del repello, y de todo el trabajo de carpintería.»

Junto a otras entidades y organismos del municipio (Pecuaria La Vitrina, EPASE, Constructora del Centro, la Agricultura, Salud Pública y un grupo numeroso de trabajadores) asumieron el reto de devolverle sus memorias a los buenos caminos del arte.

Quedan detalles en las dependencias sanitarias y en los albergues, Son ya minúsculos, pero desde allí continuará el concierto de los hombres y las herramientas hasta que se pueda gritar a los cuatro vientos: La Macagua ha sido salvada.