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Abelardo Barroso (Cuba)

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Por Ricardo R. González (*)

El barrio habanero de Cayo Hueso ha tenido la dicha de ver crecer a grandes de la música cubana. Un sitio obligado para grandes trovadores del siglo pasado, y en estos periplos cuentan que al propio Manuel Corona se le vio acompañando, en múltiples oportunidades, a un negrito interesado en conocer todos los secretos de la música cuando apenas llegaba a los cinco años de edad.

Aquel negrito fue creciendo y se convirtió en un virtuoso del pentagrama ´del archipiélago, a tal punto que la crítica lo calificó como «El Caruso cubano» a tenor de sus aptitudes y singular estilo a la hora de abordar los principales géneros bailables de siglos pasados.

Nada más y nada menos que Abelardo Barroso. Cantante y compositor para quien septiembre le trajo su nacimiento (21-9- 1905) y también el deceso, un día 27, pero de 1972.

Antes de emprender el camino de la música fue patinador, pelotero y boxeador, pero quiso la buena suerte que un día en que se desempeñaba como taxista de varios de los integrantes del Sexteto Habanero se le abrieran las puertas a fin de entrar en el arte.

Tenía 19 años, y los ilustres pasajeros quedaron fascinados al escucharlo cantar y le propusieron que formara parte de la nómina de la agrupación. Así, el 17de julio de 1925 debuta como artista para conocer muy rápido el sabor de la fama.
Según algunos reportes luego de esta primera etapa pasó a integrar el Sexteto Boloña y más tarde el Nacional. Uno de los momentos estelares en su carrera porque viaja a España y actúan en la Feria Ibero-Americana de Sevilla.

Fue tanto el éxito que recibieron el Diploma de Honor y Medalla de Oro, mientras que Barroso recibe la propuesta de ingresar a la compañía de variedades Salmerón, la cual acepta, manteniéndose durante un buen tiempo el territorio español.

Su curriculum lo incluye, también, como integrante del Sexteto Cuba de Fernando Collazo, el Septeto Alabama, la Orquesta de Ernesto Muñoz, la Melodías del Siglo de Pablo Miranda, hasta llegar a formar junto a Orestes López la charanga López-Barroso, con la cual hizo gala de su versatilidad al abordar el son, el danzón y el danzonete, como un género que irrumpía entre los bailadores en la década de los años 30.

Otro golpe de suerte acompañó a Abelardo Barroso al vincularse a la Orquesta Sensación, pues Benny Moré, que no dejaba de manifestar su abierta devoción por el intérprete, le propuso que realizara una grabación con los referidos músicos.

A pesar de la competencia la «Sensación» logra situarse en la élite de las charangas de su tiempo, y obtiene el Disco de Oro, en 1957, por las ventas logradas en gran parte por el arraigo que conquistó quien más tarde sería la voz principal del conjunto.

Entre las múltiples grabaciones que ofrecieron la justa dimensión de Abelardo Barroso figuran El huerfanito, La Macorina, La cleptómana, El guajiro de Cunagua, y sin duda alguna su inigualable Panquelero.
Hace 39 años nos dijo adiós. Quedan sus grabaciones para considerarlo otra de las glorias que perviven con el distingo del buen arte.

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

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