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Casas de Orientación a la Mujer y la Familia de cumpleaños

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La hoy delegada del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) en Villa Clara, Iris Maura Menéndez Pérez, recuerda el nacimiento de la primera Casa de Orientación a la Mujer y la Familia, hace ya 21 años. Esta experiencia, surgida en territorio villaclareño, se encuentra generalizada en todo el país

Por Ricardo R. González

Foto: Carlos Rodríguez Torres

Iris Maura Menéndez Pérez tiene múltiples recuerdos en su vida, pero si algo la revitalizó como ser humano fueron aquellos años en que enfrentó los destinos de las mujeres villaclareñas como secretaria general de la FMC en la provincia.

Y es que 1990 resultó un período decisivo en el que tuvo una vivencia peculiar al inaugurarse en los predios la primera Casa de Orientación a la Mujer y la Familia, precedida de la constitución de la Cátedra Mujer y Desarrollo en el Instituto Superior Pedagógico (ISP) Félix Varela.

Un proyecto nuevo que encontró muchos soñadores y a la vez escépticos. De esa etapa, Iris evoca la participación de Vilma Espín Guillois, la eterna Presidenta de la organización femenina en Cuba, y alega que «ha sido una de las experiencias más bonitas en las que he participado. Su preparación llevó mucho trabajo y compromisos de infinidad de personas. La materializamos aquí. No obstante, la concepción general compete a Vilma. Para ella la lucha por la plena y definitiva igualdad era, en primer término, la labor con las féminas, sin descartar el resto de la sociedad.»

—¿Por qué la Casa?

—Nuestra Presidenta veía en esta un medio para que las mujeres trabajaran por sus derechos dentro de la propia familia. Dicha experiencia incluyó ideas no solo de Cuba, también del movimiento femenino internacional y en especial del continente en que habitamos.

Eran los días en que regresábamos del análisis de las estrategias de Nairobi (Kenya) con las valoraciones de los programas de las Naciones Unidas destinados a mejorar el status de las mujeres. Entre las tareas planteaban la creación de cátedras universitarias dedicadas a la investigación sobre dichas temáticas.

—Y en este marco surgió la villaclareña?

En efecto. Primero fundamos la Cátedra Mujer y Desarrollo en octubre de 1989. La organizamos con profesionales de excelencia del ISP y con la doctora Mercedes Piñón Jareño, por entonces su rectora, al frente. Las líneas básicas estaban destinadas a impulsar tópicos concernientes a la mujer, la niñez, la juventud y la familia desde el punto de vista docente e investigativo. De aquí retomamos ideas maravillosas que ya presagiaban lo útil de seguir las sendas. Yo diría que esto marcó el precedente para el nacimiento de la Casa, el 8 de septiembre de 1990.

—Desde entonces formó parte de la agenda de Vilma…

Nunca apartó su seguimiento. Eran sus propios sueños. La Casa surgió en el momento en que la FMC buscaba nuevos métodos para enfrentar sus acciones, porque una cualidad de Vilma Espín era la constante renovación. Ella se mantuvo al tanto de cada paso del proyecto y logramos, además de los especialistas consagrados de la Cátedra, la asistencia de otros profesionales de Salud, Educación, del Ministerio de Justicia, del Órgano de Trabajo y Seguridad Social, amas de casa y de otros sectores.

—¿Qué tiempo medió desde que concibieron el propósito hasta que se hizo realidad?

—La Dirección Provincial de la FMC abrió las puertas a todos los que quisieron colaborar. Incluso el ISP contempló dentro del plan de trabajo de sus profesionales la atención a la Casa, y en unos seis u ocho meses aquello se gestó con la mirada casi diaria de Vilma.

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