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Cuando el público de la compañía American Ballet Theatre ama a un bailarín lo hace profundamente, como en el caso del cubano José Manuel Carreño de saltos poderosos y piruetas aún mejores.

El jueves Carreño se retiró con una presentación perfecta en el escenario de la Opera Metropolitana de Nueva York, donde la audiencia fue toda suya y le aplaudió durante casi un cuarto de hora, pidiéndole que saliera de detrás del telón una y otra vez mientras el piso del escenario se llenaba de flores.

Carreño estudió en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba y generó revuelo al ganar la medalla de oro en la Competencia Internacional de Ballet de Nueva York en 1987. Antes de unirse al ABT en 1995 fue parte del Ballet Nacional de Inglaterra y el Ballet Real en Londres.

Uno de los puntos más destacados en su carrera en ABT, según ha dicho, llegó en noviembre pasado cuando él y otros bailarines, incluida la cubana Xiomara Reyes, se presentaron en el Festival Internacional de Ballet de La Habana.

Su papel del príncipe Siegfried, en “El lago de los cisnes”, es un clásico pero no es el único por el cual es famoso. De hecho, muchos de los asistentes deseaban que Carreño pudiera haberse despedido con Basilio en “Don Quijote” pues fue con ese energético personaje que encantó a innumerables personas a lo largo de los años mezclando su humor, su capacidad de interpretación y su sencillo encanto latino.

De cualquier forma, “El lago de los cisnes” es una manera bastante buena de despedirse y Carreño la aprovechó al máximo. Con más de 40 años, el bailarín no puede saltar tan alto como antes, pero sus piruetas son una maravilla de la técnica y el control, especialmente por forma en la que reduce la velocidad para terminarlas con un equilibrio perfecto y una sonrisa delicada como diciendo: “y sí, todavía puedo hacer esto”.

Carreño también ha sido un compañero fuerte y cabal. Cuando la bailarina cuasi gimnasta Natalia Osipova corrió para saltar a sus brazos el año pasado en “Don Quijote” (en realidad fueron dos saltos), lo hizo con tal velocidad que la gente se preguntaba si alguien la podría atrapar y mantenerse de pie. Carreño lo hizo, para el alivio de todos.

El jueves, quizá al no poder elegir entre sus bailarinas favoritas, Carreño se quedó con dos de ellas para que tuvieran el papel de Odette y Odile en “El lago de los cisnes”. Julie Kent fue ella misma, etérea y llena de gracia, en el papel de Odette, y Gillian Murphy hizo explotar sus fuegos artificiales de técnica como la maligna Odile, con “fouettes” poderosos a los que agregaba piruetas extra para deleitar al público.

Carreño también le pidió a su amigo y ex integrante de la ABT el español Joaquín de Luz, quien trabaja actualmente en el Ballet de la Ciudad de Nueva York, que actuara en el papel del amigo de Siegfried, Benno, lo cual hizo Luz con mucha gracia y energía.

En su despedida estuvieron otras antiguas estrellas del ABT como Alessandra Ferri y Julio Bocca. Tres hombres lo cargaron como señal de victoria y al final Carreño salió una vez más al escenario del brazo de sus dos hijas.

Esta no fue su última presentación con ABT, la compañía tendrá algunas giras en el verano y Carreño ha dicho que tendrá presentaciones como invitado en Nueva York. Pero para muchos en el público fue el final de una era.

(Con información de AP)