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Con sus coincidencias, sabidurías y caprichos, la historia quiso escoger un mismo día y mes para el alumbramiento de dos importantes figuras, cuyas obras son estudiadas hoy dentro y fuera de Cuba.

El 14 de junio de 1845, fruto de Marcos Maceo y Mariana Grajales, llegó al mundo Antonio Maceo Grajales en Majaguabo, perteneciente al municipio de San Luis, Santiago de Cuba.

Más de ocho décadas después, en 1928, la argentina ciudad de Rosario, de la provincia de Córdoba, sintió el primer llanto de Ernesto Guevara de la Serna, el primogénito de Ernesto Guevara y Celia de la Serna.

Uno vivió y cayó en el siglo XIX, el otro lo hizo en el XX, pero ambos hombres tuvieron un objetivo común durante sus cortas existencias: luchar por la definitiva independencia de Cuba.

Conocido como el Titán de Bronce, Maceo enfrentó el colonialismo español en dos guerras (1868-1878 y 1895-1898) y alertó sobre los afanes imperialistas estadounidenses.

El llamado Guerrillero Heroico, o simplemente Che, combatió la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958) y, a diferencia del otro insigne patriota mencionado, celebró la victoria de la Revolución Cubana.

Asimismo el argentino-cubano siempre estuvo muy claro sobre los intereses de dominación de Estados Unidos y dejó para la posteridad la sentencia de que "al imperialismo no se le puede dar ni un tantico así".

(...) tampoco espero nada de los americanos (estadounidenses), todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor subir o caer sin su apoyo que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso, escribió Maceo en carta a Federico Pérez Carbó en julio de 1896.

Además de los deseos por la emancipación de Cuba, estos dos hombres sumaron a su pensamiento dosis de internacionalismo pues, según afirmaciones de Maceo, a él no le hubiera gustado colgar la espada sin combatir por la libertad de Puerto Rico.

La "hora definitiva" del Che lo encontró en tierra boliviana a los 39 años de edad, pero antes estuvo con las armas en el Congo.

(...) me siento también tan cubano como el que más y soy capaz de sentir en mí el hambre y los sufrimientos de cualquier pueblo de América, fundamentalmente, pero además de cualquier pueblo del mundo, contestó a un periodista en Uruguay.

Como hombres de acción, Maceo y Che desarrollaron la guerra de guerrillas para enfrentar a un enemigo que siempre los superó ampliamente en medios y fuerzas.

Sin embargo, la inteligencia, el arrojo y la convicción en el por qué de la lucha se convirtieron en armas comunes a la hora de lidiar contra españoles, en un caso, y batistianos, en el otro.

Filo de machete por medio, las emboscadas, el tiroteo nocturno, la tea incendiaria, las marchas para desinformar al bando contrario, constituyeron algunas de las tácticas y estrategias utilizadas por el Titán, alumno aventajado del dominicano Máximo Gómez.

Para el Che, la guerra había que "llevarla hasta donde el enemigo la lleve", impedirle tener un minuto de tranquilidad, de sosiego, fuera y dentro de sus cuarteles, y atacarlo dondequiera que se encuentre, hacerlo sentir una fiera acosada.

Con los grados militares más elevados, otorgados por el Ejército Libertador y el Rebelde, respectivamente, el mayor general Antonio Maceo y el comandante Ernesto Guevara condujeron sendas tropas invasoras en las contiendas de liberación.

Maceo cumplió con la misión de ir hasta el occidente cubano, a juicio de muchos la hazaña militar más extraordinaria de la segunda mitad del siglo XIX, y el Che llegó hasta la central ciudad de Santa Clara, donde estaba el Primero de Enero de 1959, día del triunfo revolucionario.

Aparte de la valentía sin límites, el Titán de Bronce legó a sus compatriotas una de las dosis más elevadas de intransigencia revolucionaria cuando el 15 de marzo de 1878 rechazó la propuesta de paz ofrecida por el español Arsenio Martínez Campos.

Para el guerrero cubano, eran inaceptables las condiciones que intentaban poner fin al conflicto iniciado casi 10 años antes sin conseguir los objetivos principales: la independencia absoluta del colonialismo hispano y la abolición de la esclavitud.

Conocido como la Protesta de Baraguá, el hecho trasciende hasta nuestros días con la decisión de defender la soberanía de la patria hasta las últimas consecuencias.

Al momento de caer en combate, el 7 de diciembre de 1896, Maceo llevaba en su cuerpo más de 20 heridas de bala, y la leyenda de haber escapado sumamente grave de las narices de los militares españoles, incapaces de derrotarlo en infinitas ocasiones.

Tras casi 44 años de la desaparición física del Che, sus ideas están más vivas que nunca y resulta habitual encontrarlas junto a la imagen del guerrillero en la defensa de las causas más justas y revolucionarias, en cualquier sitio del orbe.

Certeros artículos, ensayos y análisis, entre los cuales sobresale El socialismo y el hombre en Cuba, recorren el mundo y en ellos encontramos una elevada radicalización del pensamiento guevariano.

Reiteradas veces, Aleida Guevara, una de las hijas del Che, ha exhortado a las nuevas generaciones y auditorios heterogéneos a llevar a la práctica las ideas de su padre y asumir una actitud consecuente ante la vida.

Debemos seguir estudiando y aprendiendo de las enseñanzas del universal hombre, recomendó esta mujer en el 17 Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, acontecido en Suráfrica el pasado diciembre.

En esa ocasión, Prensa Latina escuchó de Aleidita, como es llamada, pasajes biográficos y anécdotas del progenitor durante su estancia en Cuba, donde tuvo otros tres vástagos.

La pediatra resaltó la excelente relación que tuvo el Che con el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, y el presidente, Raúl Castro, y desmintió tergiversaciones divulgadas malintencionadamente sobre estos vínculos.

(Con infomación de Diony Sanabia Abadia, de Prensa Latina)