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El mural Prometeo encadenado ve la luz. Foto Kaloian.

Por casi cuarenta años dos murales del importante artista plástico cubano Domingo Ravenet (Valencia, 1905-La Habana, 1969), estuvieron cubiertos por un falso techo en la sala de lectura de la Biblioteca Central Rubén Martínez Villena, de la Universidad de La Habana.

Los frescos llevan por título Prometeo encadenado y Prometeo raptando el fuego. Gracias a los esfuerzos de la Oficina del Historiador de La Habana, la casa de altos estudios y Mariana Ravenet, hija del artista, comenzaron el pasado martes las labores de derribo del falso techo y la conservación de los mismos.

Las obras fueron hechas por Ravenet en 1945. En la década del 70, para mejorar la iluminación del inmueble, fue dispuesto el falso techo que mantuvo encerrado a los Prometeo.

La gran sorpresa fue encontrar que, Prometeo encadenado, el primero de los murales en develarse, se encuentra en tan buenas condiciones que tal pareciera que fueron recién pintados.

Antonio Fernández Seoane, vicepresidente de la Sección de Teoría y Crítica de la Asociación de Artes Plásticas de la UNEAC, en un reportaje publicado por Juventud Rebelde, explica:

Son sus más contundentes murales al fresco, de una belleza sorprendente. En ellos se aprecia un elemento que está latiendo constantemente en la obra de Ravenet, donde su pintura salta al volumen y el volumen salta a la pintura.

Lo primero que llama la atención es el dramatismo del personaje, dado en la expresión y en las tensiones de un cuerpo “esculpido” en formidables músculos. Su doble Prometeo gana en teatralidad: tiene un rostro angustiado, pero lleno de esperanza; un cuerpo que comienza a ser mutilado, pero que se transforma y alarga para alcanzar el propósito anhelado.

La maestría de Ravenet, polifacético artista de la vanguardia, hizo que su transgresor discurso burlara la censura, pues «la obra es también un canto de rebeldía, hecho líneas y planos, color y estructuras, ritmo y perspectivas. Su Prometeo encadenado representa al joven cubano ávido de sabiduría, encarcelado en las tinieblas de la ignorancia nacida de aquella falsa república y que en la obra toma cuerpo en el águila imperial, la del vecino del Norte, que se empeña en truncarle la vida.

Aquí Prometeo es cuidado por Cuba, que aparece representada por esa dulce mujer que sana las heridas de su hijo torturado, y que lo incita a la búsqueda de la luz. Es así como el discurso del artista resulta una denuncia de la época de los años 40.

En cambio, su otro Prometeo, el que va en busca del fuego, no se limita en la supuesta irreverencia. El fuego es la luz que romperá las angustias del forzado ayuno del saber cubano. El esfuerzo de este Prometeo suyo es cruento y dramático, tratando de alcanzar la meta ambicionada por el bien común», explica Seoane, al tiempo que nos recuerda que fueron destruidos todos los murales realizados por Domingo en «el antiguo Ministerio de Agricultura y Ganadería, en la Escuela Normal de Maestros de Santa Clara, en la Capilla de los Mártires, otrora cárcel de La Habana y donde solo queda el escorzo de un ángel. De modo que solo los Prometeo quedan intactos, lo que los hace más valiosos. Y con estas pinturas murales se van a descubrir otras joyas. Este edificio arquitectónico y sus interiores. Cuando todo esté restaurado será un festín para los ojos.

(Con información de CubaDebate)