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Mi Comentario (Reunionicidio)

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El Informe Central al VI Congreso del Partido plantea textualmente: «…necesidad de disminuir a lo imprescindible el número de reuniones y su duración».

Hace algún tiempo escribí este trabajo que, me parece, tiene aun vigencia total. Aquí lo dejo.

Reunionicidio

Por Ricardo R. González

De aquel espacio humorístico televisivo Jura decir la verdad  tomo prestado el modo en que denominaban sus capítulos, a fin de reflexionar sobre una especie de virus que se expande e inclina el giro hacia lo altamente contagioso.

Por supuesto que existen reuniones y reuniones. Bienvenidas aquellas cuya razón de convocatoria aporte, resulte operativa y muestre la síntesis como carta de triunfo. Rechazadas las que demuestran a las claras un insulso Orden del día con el saldo del mal sabor para los asistentes.

La culpa no la cargan esas pobres reuniones, recae en quienes las convocan sin ton ni son, a sabiendas que existen múltiples formas comunicativas más allá de las maltratadas y sobradas reuniones.

Entonces vienen las estampas. Pudieran, incluso, clasificarse de acuerdo con los diversos matices. Y vislumbran las destinadas al análisis de planes productivos con la lluvia de por cientos y sobrecumplimientos cuando el ritmo de la vida muestra la cara fea del asunto.

Más aire que el del propio globo de Matías Pérez, pero se hacen y hay aplausos y hasta brindis final. Cifras y cuadrículas de plan contra real bailan al compás del famoso reggaetón y tal parece que el país no afronta dificultades ni problemas.

Otras de las variantes muestran el esquema de «lo mismo con lo mismo». Frases planteadas en años luz o en citas precedentes vuelven a reiterarse con idénticos ademanes y argumentos.

Promesas de que para tal día, mes, año, o en un futuro no muy lejano tendremos… Sin embargo, pasan esos días, meses, años y es probable que hasta un trabajador concluya su vida laboral sin disfrutar de las reanunciadas bonanzas.

¿Qué decir de las convertidas en el «culto a la heroicidad personal»? Sus protagonistas exteriorizan en banda ancha el currículum vitae. Allí se escucha desde la mejor de las óperas hasta el clásico Manisero. El parlante recurre a la lluvia de loas. Historias, historietas, hazañas y anécdotas referidas en primera persona que poco o nada aportan o interesan a un auditorio que no deja de mostrar cierta risilla burlona ante el emocionado orador.

Tampoco se excluyen las convocadas «solo por cinco minutos», pero el reloj corre y corre y pierden el sentido del tiempo. O las que alimentan el reprise de lo ya dicho para convertirse en un «como dijo fulano o mengano» y carecen de nuevos aportes o ideas.

Hay de todo en la viña del señor. Para conquistar al gremio periodístico prevalecen también sus trucos. Por supuesto que el 99,9 % son para resaltar algo positivo.

Están quienes tratan de asegurar la cobertura aludiendo a la presencia de un Ministro o de una alta personalidad. Una vez llegado el día alegan: «no pudieron viajar por h o por b». E incluso hay quienes tienden las «invitaciones» y concluyen: «No falten, pues hay una buena merienda y un almuercito».

¿Nos habrán visto cara de hambre?

Hace muy poco asistí a una reunión que parecía interesante por el tema a tratar. Decepción total. Resulta que no estaba ni delineado el programa general por la que había sido auspiciada. Tuve, al final, que reírme para no causarle daño al órgano hepático.

Modalidades sobran, pero no hay tanto espacio. A mi modo de ver el éxito de la reunión radica, primero, en determinar si es necesaria convocarla o no. Después, insistir en la buena preparación de los puntos a tratar, y, sobre todo, en las cualidades comunicativas del conductor principal.

Este tiene en sus manos el timón del vehículo o la vara de pescar. Al menor desliz se le va la reunión de las manos.

Por otra parte, esos «héroes contemporáneos» deberían interiorizar en algo llamado mesura. Los éxitos no llegan adjudicados por el bla, bla, bla personal—aunque hay excepciones—. Competen a lo que el individuo sea capaz de demostrar en la práctica y durante la propia vida, ya sea en lo profesional o en sus cualidades como seres humanos.

Quienes tienen la potestad de convocar a reuniones ¿se han puesto a pensar en el tiempo invertido por gusto? ¿Acaso la única forma de comunicación es el trillado camino de este tipo de cita?

Impera abandonar la mediocridad y dar riendas sueltas a la imaginación. En ocasiones una llamada telefónica, un breve contacto operativo, una nota dejada a la persona evitaría tanta rutina improductva..

Tampoco es saludable anunciar hechos que, ante las atipicidades y coyunturas nuestras, ponen su cumplimiento en la cuerda floja. Sorprender es mejor que decepcionar, sin dejar de ser optimistas.

No pretendo un llamado al exterminio de las reuniones. Todo lo contrario, exhorto a celebrarlas cuando resulten (hiper)necesarias en tiempos en que cada segundo perdido carece de recuperación.

Desplegar iniciativas y talento son claves para hacerlas, a la vez, más productivas y amenas.

Suena el teléfono. Es alguien «invitándome» a una reunión, mañana a las 2:00 de la tarde.

Y como recurrí al colectivo de Jura decir la verdad para tomar sus «titulajes» en mi comentario, ahora le pido licencia a Chivichana a fin de concluir a su típica manera.

|Le zumba el merequetengue!

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Muy bueno y quiero ser breve y concisa..Saludos Ricardo.

Fecha: 27/04/2011 22:29.


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