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Rosita Fornés (Cuba)

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Por Ricardo R. González (*)

Para Cuba resulta la rosa más hermosa. Para sus seguidores la siempre esperada, quien sorprende en cada una de sus presentaciones, una especie de torrente que inspira, la cubana tan cubana como la mariposa o la palma.

Y es que cada 11 de febrero Rosalía Palet Bonavía le agradece a la vida un nuevo cumpleaños desde que Nueva York la recibió para, con el tiempo, conquistar los caminos del arte y convertirse en la Primera Vedette de América.

Con solo 15 años cautivó en La Corte Suprema del Arte, sin pensar que la puerta quedaría abierta a fin de que el éxito le acompañara a través de los años. Aquella figura naciente incursionaría por el canto, la danza, y la actuación, y su público recibiría esas huellas de cada género por el que dejó una estela.

Recordables sus vivencias en México donde encarnó diversos personajes de la cinematografía, a la vez que su nombre figuraba en las carteleras de los principales teatros de la época.

España también la aclamó, mientras Argentina siempre le tributó bienvenidas, y luego de una estancia prolongada en tierras aztecas Rosita retorna a Cuba en 1959.

Asume, por entonces, temporadas dentro del teatro lírico como expresión en la que tuvo su debut en 1940. Así se convirtió en La Casta Susana, con la asesoría del inolvidable Antonio Palacios, y fue, también, Cecilia Valdés en zarzuela dirigida por el maestro Gonzalo Roig.

El mundo de la opereta la distingue, y por su amplia versatilidad recibió aplausos en Mongolia, Bulgaria, Hungría, Rumanía, Checoslovaquia, Polonia, la antigua Unión Soviética, Puerto Rico y Honduras, por citar algunos de los tantos países en que se presentó como genuina artista cubana.

Baste decir «Mi esposo favorito», «Jueves de Partagás», «De repente en TV», «Cita con Rosita»… para hacerla reina de la televisión. Mas, digamos «Se permuta», «Papeles secundarios», o la fugaz incursión en «Plácido» como confirmaciones de su discreto paso por el cine de la isla.

La radio, el cabaret, los estudios de grabaciones discográficas, y los principales escenarios recibieron sobre sus tablas a la intérprete de «Llorando en la capilla» o de «Sin un reproche», y junto a su compañero en la vida durante 28 años, Armando Bianchi, logró el memorable protagónico de «My Fair Lady» en compañía de un reparto estelar que, guiado por Nelson Dorr, reunió, además, a Mirtha Medina, Luis Castellanos y Rebeca Martínez, entre otros

Por toda su trayectoria, el Gran Teatro de La Habana (GTH) celebró sus cinco décadas de desempeño con una gala especial en 1988, y no le falta entre sus pabellones la Distinción por la Cultura Nacional, el Honor de Mérito, de México, el Premio Nacional de Teatro correspondiente al 2001, y el más alto reconocimiento de la TV Cubana por todo lo que ha sabido ganar a fuerza de consagración.

Rosa Fornés tuvo la dicha de que el célebre compositor azteca Agustín Lara le dedicara su obra «Rosa», y hoy es su pueblo el que agradece esa entrega desmedida al arte para alimentar parte de la vida de aquellas generaciones que la han visto llegar a su cumpleaños 88 entre mitos, realidades y fantasías tejidas por quienes la veneran.

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

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