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Rodrigo Prats (Cuba)

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Por Ricardo R. González (*)

La región villareña de Sagua la Grande lo vio nacer un 7 de febrero de 1909, sin pensar que Rodrigo Ricardo Prats Llorens le dejara una huella perdurable al teatro lírico cubano; sin embargo, tampoco imaginó que «Una rosa de Francia» .le daría la vuelta al mundo, y se convertiría en una de las obras musicales de mayor celebridad en el pasado siglo XX.

Y fue su padre, Jaime Prats Estrada, quien lo inició en el descubrimiento del pentagrama a partir de su vasta experiencia como director de la orquesta Cuban Jazz Band, pionera de este formato en Cuba, en la cual Rodrigo debutó como ejecutante del violín, con sólo trece años de edad.

A punto de concluir la década de los años 20, se traslada a La Habana e ingresa en la Orquesta Sinfónica de La Habana, fundada por Gonzalo Roig, con quien comparte, a partir de 1931, la dirección musical de la Compañía de Manuel Suárez y Agustín Rodríguez.

Lo necesario para desarrollar una temporada de teatro vernáculo en el escenario del «Martí», extendida por más de cinco años, y que propició el esplendor de nuestro arte lírico. Por aquella época se estrenaron las obras «Soledad», «María Belén Chacón», y la memorable «Amalia Batista», su máxima creación.

Baste decir que este tema fue compuesto especialmente para Rita Montaner, a partir de un libreto de Agustín Rodríguez, en el que se recrea la leyenda de una mulata famosa por su belleza en aquella Habana de finales del siglo XIX y principios del XX.

Su estreno se realizó el 21 de agosto de 1936, pero en lugar de Rita, la protagonista fue la soprano Maruja González, ya que a sólo tres días de la función y con todo el teatro vendido, “La Única” abandonó el conjunto debido a diferencias irreconciliables entre ella y el libretista de la obra y, a la vez, dueño de la compañía.

Cuatro años más tarde, el 9 de agosto de 1940, Rita accedió a interpretar, por única vez, a la mulata Amalia sobre las tablas del Teatro Nacional, en lo que el compositor calificaría como una ocasión irrepetible.

En 1980 el propio Rodrigo Prats dirigió la grabación realizada por la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM), y poco tiempo después de culminar este proceso, le sorprende la muerte el 15 de septiembre del propio año.

El aval de Rodrigo Prats se enriqueció al ejercer como director de la Orquesta Sinfónica del Aire; la Orquesta de Cámara del Círculo de Bellas Artes; subdirector de la Orquesta Filarmónica de La Habana; así como director musical de la emisora RHC Cadena Azul, y del Canal 4 de la Televisión.

Correspondió al legendario Barbarito Diez inmortalizar «Una rosa de Francia» en tiempo de danzón, pero también el cuarteto Las D’Aida grabó «Yo sí tumbo caña», en tanto el grupo Los Amigos dejó plasmada su versión de «Soledad» para un disco de instrumentales cubanos editado, hace unos años, por el sello EGREM.

Nuestra vedette Rosita Fornés tuvo el privilegio de incorporar a su repertorio la pieza «María la O», cuya paternidad también corresponde a ese legado musical llamado Rodrigo Prats.  

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

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Anónimo

Siempre Sagua clasifica entre las más grandes por sus virtuosos hijos. Me gustó tu trabajo.

Fecha: 07/02/2011 12:32.


gravatar.comRicardo González

Gracias, y Sagua hace honor a su nombre. Muchas gracias.

Fecha: 08/02/2011 10:26.


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