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Omara Portuondo y Buena Vista Social Club: un regalo inolvidable para Santa Clara

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Por Francisnet Díaz Rondón

Periódico Vanguardia

Un regalo inestimable e inolvidable para Santa Clara, y la provincia toda, lo constituyó el concierto de Omara Portuondo junto a la legendaria orquesta Buena Vista Social Club (BVSC), ofrecido el miércoles 29 de diciembre en el teatro La Caridad.

Es muy difícil describir con palabras las emociones percibidas por el público durante más de dos horas de espectáculo, en el cual primó el amor por la más auténtica música tradicional cubana. Aunque, más que un obsequio, la presencia del BVSC con la Novia del Filin en tierra santaclareña deviene dicha grande, pues esta es la tercera localidad dentro del territorio nacional que visitan --además de las ciudades de Cárdenas y Santiago de Cuba, sin contar la capital de todos los cubanos-- desde el surgimiento de ese fenómeno musical en la década de los años 90.

Los constantes compromisos internacionales impiden a la agrupación brindar su arte en suelo patrio con asiduidad, pero no desperdician la más mínima oportunidad. En esta ocasión, según declaraciones de Jesús (Aguaje) Ramos Redonet, director y trombonista del BVSC, todo ocurrió gracias a una gestión de Omara, quien quiso hacerle un concierto al pueblo de Santa Clara, y así rendir tributo a la memoria del eterno amigo y fundador del «Buena Vista», el pianista Rubén González, nacido en esta parte del centro del país.

Ante un teatro desbordado, los integrantes del BVSC irrumpieron en  escena luego de la proyección de un documental sobre el nacimiento e importancia de la orquesta dentro de la historia de la música tradicional y popular cubana. Un detalle acertado, sobre todo para ilustrar, al menos por unos segundos, a muchos jóvenes del público --y también a otros que lo son tanto--, desconocedores del significado de nuestra obra musical en el mundo.

Durante la presentación, el BVSC --con la ausencia de dos miembros-- integrado por los maestros Jesús (Aguaje) Ramos Redonet, director y trombón; Rolando Luna Carrillo (piano), Gilberto (Papi) Oviedo, tres; Pedro Pablo Gutiérrez Valdés, al bajo; Filiberto Sánchez (timbal), Alberto Hernández, percusión menor; los jóvenes cantantes Idania Valdés Casuso y Carlos Calunga (ex integrante de Klimax y Manolito Simonet y su Trabuco); Ángel Terry Domech, tumbadoras; los trompetas Luis Alemañy Conde, y Manuel (Guajiro) Mirabal Vázquez  y Luis Manuel (Guajirito) Mirabal Plascencia, abuelo y nieto, respectivamente, demostró que hay música cubana auténtica para rato, mientras haya quienes quieran defenderla.

Un vendaval de son, cha cha, cha, guaracha, son-guajira, danzón, bolero, filin..., estremeció las fibras del teatro y de cada alma presente. Piezas como El Carretero, de Celina y Reutillio; una versión de Buena Vista en guaguancó, de Arsenio Rodríguez; El Bodeguero, de Richard Egües; Danzón Casablanca, una magistral variación del tema central del clásico cinematográfico, ideado por el bajista Pedro Pablo, entre otras, hicieron vibrar los cuerpos.  

A mitad del concierto entró, o mejor dicho, deslumbró Omara Portuondo con una vitalidad y entusiasmo admirables, a pesar de sus 80 años, cumplidos el pasado 29 de octubre.

«No me llores, no me llores más», animó la «Diva del Buena Vista» al público, que respondió delirante. «Nunca podré olvidar este teatro ni a Santa Clara, pues venía muchas veces aquí con las D Aida», dijo entusiasmada.

Fue realmente conmovedor haber escuchado de su voz, 20 años, de María Teresa Vera; Longina, de Manuel Corona; una estremecedora Duele, de Piloto y Vera --en honor a su eterna amiga Elena Burke y que humedeció el rostro de más de una persona--; o la siempre presente Amigas, de Alberto Vera, interpretada junto a María de los Ángeles Santos, ambas dándole vida a las desaparecidas Elena y Moraima Secada (La Mora), y que según María de los Ángeles «hicimos sin un solo ensayo».

Por su amor a esta ciudad y por su contribución a la música de nuestro país, la Asamblea Municipal del Poder Popular entregó a Omara la Llave de la Ciudad de Santa Clara, de manos de su presidente Gustavo Benítez Fumero.  

Al final no faltó el homenaje a Compay Segundo e Ibraim Ferrer, con los clásicos Chan Chan, ¡Ay, Candela!, El Cuarto de Tula, entre otras, que tanta gloria dieron a Cuba ante el mundo.

La presencia de Omara Portuondo y el Buena Vista Social Club ha sido un buen regalo para el pueblo villaclareño; un obsequio de los que siempre se tienen presente en el corazón y se agradece eternamente. 

Cada interpretación de Omara afirmaba por qué es considerada una de las artistas trascendentales de Cuba y América de los últimos 50 años, desde su debut como bailarina en el cabaret Tropicana, en 1945, hasta los días de hoy como cantante de fama mundial.

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