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Después del túnel… hay vida

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La Empresa de Productos Lácteos, de Placetas, emprende la remodelación de sus líneas y sobresale en las normativas medioambientales encaminadas a disminuir su carga contaminante, gracias al Programa de Desarrollo Local.

Por Ricardo R. González

Foto: Carlos Rodríguez Torres

El municipio de Caibaríén expuso su experiencia durante las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular a partir de las estrategias de Desarrollo Local. Una fuente primordial desplegada, también en otros territorios de Villa Clara.

Durante las sesiones de la VII legislatura de la Asamblea Nacional, Mirelys Martínez Piedra, la presidenta de este órgano de Gobierno en Caibarién, uno de los 13 municipios villaclareños, expuso el cómo una empresa de subordinación nacional, que no pertenece, al Consejo de la Administración Municipal, aporta ingresos en divisas al presupuesto de la llamada Villa Blanca.  

Todo a partir de 12 naves destinadas a la ceba de cerdo en la unidad porcina Texico que posibilita la producción de 440 toneladas de esta carne en bandas para responder a las demandas hoteleras en la cayería del noreste.

Así sustituyen importaciones, y tributan una considerable ganancia gracias a los proyectos de Desarrollo Local (DL) aplicados, también, en otros objetivos de la localidad que redundan en beneficio común de los pobladores.

Recuerdo este término de DL cuando hace más de cinco años se lo escuché a Marisol García Cabrera, por entonces al frente de la Asamblea del Poder Popular en Placetas, y hoy secretaria del órgano gubernamental a nivel de provincia.

Para muchos resultaba algo proveniente de otra galaxia, otros medio que daban la espalda por considerarlo asunto de poco interés, y el tiempo dio la razón al convertirlo en uno de los eslabones esenciales en la vida de Cuba.

Cada poblado tiene sus dichas. Quizás no abunden fabulosos edificios ni anchas avenidas ni el torbellino de una urbe citadina, pero la teoría de que «después del túnel de La Habana es campo y nada más» cae como la legendaria Torre de Babel.

Hacer por quienes marcan la cotidianidad y defienden amaneceres resulta el incentivo de Placetas cuando emprendió este programa, hace más de un quinquenio, a base de ciencia, técnica, de fiscalización, talento, y, sobre todo, el concurso colectivo.

Así activaron mecanismos oportunos de acciones. Un aluvión dirigido a revitalizar instituciones de la Salud, a la preservación del medio ambiente, o al mejoramiento de la alimentación en condiciones bien complejas, sin descuidar la eficiencia empresarial, los recursos humanos y el ahorro de energía.

EN LA CUERDA DE LOS ROMPECABEZAS

Dirigir implica, a la vez, buena dosis de imaginación. No es solo ver la vida bajo el estrecho prisma de un ahora o con la limitada perspectiva de hasta mañana. Armar rompecabezas constituye uno de los tantos retos impuestos por las limitaciones económicas, y satisface, en el caso de los placeteños, que la Fábrica de soldar Carriles (SOLCAR) —de referencia nacional— implantó cambios tecnológicos y de gestión ambiental influyentes para un convenio con la República Bolivariana de Venezuela, dedicado a la modernización del ferrocarril, tanto para Cuba, como para el resto de Latinoamérica en el cono integrador del ALBA.

O constatar que en el plano social Salud puso en marcha dos policlínicos de nuevo tipo, mientras su Hospital General muestra servicios nunca antes imaginados e irrumpe la informatización como necesidad impostergable de la modernidad.

Pero la Villa de los Laureles y sus demarcaciones están conscientes de que no devienen paraíso terrenal ni una de las tantas maravillas del mundo. En viales, transporte, vivienda, agua y electricidad concentran sus mayores heridas ante una red eléctrica agravada por bajo voltaje en determinadas áreas, la ausencia de un acueducto que complejiza la existencia, y un fondo habitacional seriamente dañado que reclama la puesta en marcha de una industria local de materiales de la construcción.

Los habitantes de Placetas saben de algunos precios de productos agrícolas disparados y fuera de las posibilidades de los bolsillos del ciudadano común, y sus directivos reconocen que se debe extender las placitas hacia lugares recónditos.

No restan importancia tampoco a la necesidad de fortalecer la educación preuniversitaria, el rescate de las tradiciones en los sitios con casas de la cultura inauguradas, y los diferentes matices de la recreación que pide explotar múltiples iniciativas a fin de que no induzca a fomentar el alcoholismo.

Por ello, el programa de DL escucha a los pobladores, a quienes deciden y a todos los que quieran aportarle. También encuentra respetables asesores en el Ministerio de ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, en centros de investigaciones y de estudios sociales de Villa Clara o de la nación, sin excluir las sedes universitarias, las organizaciones estudiantiles y de masas, los delegados al Poder Popular, y el propio pueblo.

Una dimensión trascendente que convierte a este punto de la provincia en otro sitio que muestra saldos gracias al Programa de DL, como también los exhibe Caibarién y otros sitios..  

Placeta no es el edén, mas insiste en la básica defensa de su identidad, y aunque en la leyenda de la Torre de Babel sus hombres pretendían alcanzar el cielo una vez construida, aquí se trata de lograr realidades encaminadas a demostrar que después del túnel habanero también se teje la vida.  

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