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¡Ay…ciclones!

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Parece un barquito de papel en plena navegación, pero resulta el muy bien definido ojo del reciente huracán Earl. Y para el resto de la temporada en nuestra cuenca los nombres de los organismos serán: Julia, Karl, Lisa, Matthew, Nicole, Otto, Paula, Richard, Shary, Tomas, Virgine y Walter.

Por Ricardo R. González

No tiene de mago ni de adivino. Basa sus criterios en la experiencia profesional, y en una ciencia apoyada en variables que pueden fácilmente cambiar en cortos períodos de tiempo. Tampoco el jefe del Departamento de Pronósticos del Centro Meteorológico de Villa Clara, Dr. Aldo Moya Álvarez, hace pública su hipótesis sobre la posibilidad o no de alguna inoportuna visita de ciclones tropicales al país durante la temporada 2010.

Todos los queremos lejos, y la suerte es que ya Alex, Bonnie, Colin,  Danielle, Earl, Fiona, Gastón, Hermine e Igor son historias. Marcharon por otros caminos cuando —hasta el miércoles— se reportaban la formación de estos nueve organismos con nombres dentro de un período en que las condiciones resultan muy favorables a la formación de dichos fenómenos en el Atlántico, el mar Caribe y el golfo de México.

«Aparecen ya otras ondas tropicales al este de las Antillas Menores, cercanas a las islas de Cabo Verde, que pudieran convertirse en depresiones, tormentas o huracanes, y llegar al Caribe en el actual mes, como algo muy típico de la época», sustenta Aldo.

Hasta el momento nos ha ayudado la posición del anticiclón en el Atlántico, y que su cuña dorsal o zona de influencia hacia la banda oeste del mar Caribe, las Antillas menores, Bahamas y el golfo de México, está distante. Ello facilita que los organismos formados recurven en otra dirección antes de llegar al arco antillano.

Sin embargo, octubre tiene una particularidad. Si bien se forman menos episodios comparado con el mes actual, casi siempre aparecen con más frecuencia en las aguas cercanas y agudiza el peligro para Cuba.

La elevada temperatura del mar, la ausencia del fenómeno El Niño, que cede su paso a La Niña, y el calentamiento del aire fungen como ingredientes vitales en la configuración de un «ajiaco ciclónico» dentro del área geográfica.

CREENCIAS Y SUPOSICIONES

Muchas personas afirman que la ocurrencia de lluvias continuas trae el preludio de huracanes. El doctor Aldo Moya niega tal mito, y asevera lo contrario. «Tantas precipitaciones seguidas es signo de la debilidad del anticiclón, y que su curva dorsal no llega a nuestra región. Si este se fortalece, se acerca la curva, y los períodos de lluvia disminuyen quedan las puertas abiertas para que penetren los ciclones.»

— Respecto al cambio climático (CC) inculpado tantas veces en cuestiones de las que no resulta responsable ¿pudiera tener incidencia en este asunto? 

— Las nuevas tendencias del clima, y prefiero llamarlo así, conllevan a un estudio prolongado. Todavía no se puede afirmar que guardan relación con el comportamiento de dichos organismos.

Los períodos de formación de los ciclones tropicales suelen ser cíclicos. En el siglo pasado resultaron muy activas las décadas del 20 y del 30 con ciertas altas y bajas hasta llegar a 1952. Luego fue significativo 1995-96, declinaron en 1997, y se reactivaron al año siguiente hasta el 2005. En este último con el período más activo que se recuerde en toda la historia.

Lo que sí queda claro es que vengan o no, la población debe adoptar a tiempo las medidas que se puedan adelantar desde ahora como la de destupir tragantes y zanjas a fin de que el agua fluya sin dificultades, asegurar tanques elevados, techos y otras estructuras de fragilidad en las viviendas. 

Y lo que sí recalca el doctor Moya Álvarez es el peligro de estos tiempos ante tormentas eléctricas.

«Según nuestras estadísticas cada año mueren unas 65 personas por dichas descargas, mucho más que las víctimas reportadas en el archipiélago como consecuencia de los azotes huracanados y las imprudencias ciudadanas. No se trata de causar miedo ni de medir la valentía humana. Simplemente es que el trueno, mata.»

ALGO DE INTERÉS

Los ciclones tropicales adquieren su clasificación en dependencia de la velocidad que alcanzan los vientos máximos sostenidos promediados en un minuto. Cuando se mantienen por debajo de los 63 Km/h resulta una depresión tropical, entre 63 y 117 km/h (tormenta tropical), y serán huracanes al superar los 117 km/h.

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