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Barbarito Diez (Cuba)

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Solo Mirtha Medina logró que Barbarito bailara frente a las cámaras de TV, en aquel memorable dúo que hicieron del emblemático Lágrimas negras.

Compilación de Ricardo R. González (*)

El danzón no tuvo otra voz como la de él. Sin duda, un ícono de la música cubana que lleva a inscribir a Don Barbarito Diez (1909-1995) como imprescindible en la hora de los grandes.

Voz solista de la orquesta de Antonio María Romeu, a partir de 1935, paseó el danzón, los sones y boleros por los reguistros de su tesitura durante más de cinco décadas. Con dicha agrupación, se hizo acompañar en sus presentaciones y sesiones de grabación, incluso después de la muerte de Romeu, hasta los años ochenta.

Paralelamente a su labor en la orquesta de Romeu, fundó el Cuarteto Selecto, con el que realizaba presentaciones en los cabarets de la bohemia habanera de los años cuarenta, y fue, precisamente su maestra, de la escuelita primaria en Manatí, quien descubrió que aquel muchacho estaba dotado de una bella voz y una singular entonación.

De manera que cuando cumplió 20 años de edad, ya Barbarito estaba listo para conquistar el mundo del arte con sus cualidades vocales. Se despidió, entonces, de su familia y confiado en su inspiración, partió a la conquista de la capital de Cuba.

Comenzó a cantar en un trío, con los célebres Graciano Gómez e Isaac Oviedo, y ello le nutrió de lo más valioso de nuestras tradiciones e incorporó genuinas raíces musicales: la trova tradicional y su gama de habaneras, boleros, guarachas, sones, y criollas.

Por lo general actuaban en la peña del famoso Café Vista Alegre entonces ubicado en Belascoaín entre San Lázaro y Malecón, punto de reunión de muchas glorias de la música cubana, de bohemios y trovadores, donde ya Barbarito mostraba la elegancia que lo caracterizó durante más de cinco decenios de vida artística.  Poco después alternó esta labor del trío con sus presentaciones en la Orquesta de Antonio María Romeu, , agrupación muy de moda y de extraordinaria aceptación popular.

Diversos escenarios de Cuba y de numerosos países de América Latina, Estados Unidos y Europa, aplaudieron su voz interpretando obras de Ernesto Lecuona, Pedro Flores, Moisés Simmons, Eliceo Grenet, Rafael Hernández, Simon Díaz y otros sobresalientes creadores, con ese especial timbre de virtuoso.

Llamaba mucho la atención que a diferencia de otros cantantes, Barbarito se distinguía por mantener siempre su virtuosismo y encanto singular, su porte erguido, sereno en una postura erecta, prácticamente inmóvil frente al micrófono.

Solo la cantante y actriz Mirtha Medina (radicada en los Estados Unidos desde septiembre de 1993) logró que Barbarito bailara con alguien frente a las cámaras de TV, en aquel memorable dúo que hicieron del emblemático Lágrimas negras.

La diabetes mellitus coartó la vida de La voz de oro del danzón, un 6 de mayo de 1995, cuando tenía 85 años. Quedan sus discos, y esa obra perdurable que bebe en el acervo de las más ricas tradiciones cubanas.

(*) Todos los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base.

 

                                   

 

 

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