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Recuerdan en Santa Clara a los mártires Julio Pino Machado y Chiqui Gómez Lubián

Por Ricardo R. González  

Aunque han pasado 53 años, Santa Clara no olvida los trágicos sucesos de aquel 26 de mayo de 1957 en que perdieron la vida los jóvenes Julio Pino Machado y Agustín (Chiqui) Gómez Lubián Urioste.

Ambos integraban el movimiento revolucionario contra las huestes batistianas, y tenían la misión de situar una bomba en el céntrico edificio del Gobierno Provincial (hoy Biblioteca Martí) sin que causara pérdidas humanas.

Sin embargo, el artefacto detonó minutos antes, y la ciudad perdía a dos de sus memorables hijos.

Como cada año, Margot Machado Padrón, la madre de Julio, demostró el ímpetu de su estirpe mambisa y el desafío a la centuria que le acompaña para recorrer el lugar y evocar los dramáticos momentos.

Julio Lima Corzo, primer secretario del Partido en Villa Clara, y Alexander Rodríguez Rosada, máximo dirigente gubernamental, asistieron al acto, junto a familiares y amigos de los caídos, representantes de las organizaciones de masas, integrantes de la Asociación de Combatientes, estudiantes y parte del pueblo santaclareño.

A nombre de todos, Diosdado Sarmiento Cabrera, compañero de luchas de Julio y de Chiquí, recalcó lo valores de aquellos jóvenes que se ven multiplicados por quienes continúan el camino, como también lo resaltara Eilín Aguilar Jiménez, estudiante de la Universidad Médica Dr. Serafín Ruiz de Zárate Ruiz.   

«He llorado mucho, porque no soy de piedra», me confesó una vez esta mujer quien en el sepelio de su hijo, y al estar informada de las acciones previstas por los integrantes del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) para enfrentar a la tiranía en el cementerio local, superó su dolor para recordar ninguno de sus miembros podía hacer nada que no estuviera programado. «Cuando llegue la hora de acabar con estos esbirros yo les avisaré».

Nacida el 24 de septiembre de 1909  en el poblado de Baez desde temprano escuchó en las conversaciones hogareñas el rechazo a la intervención norteamericana en Cuba.

Doctora en Pedagogía y con ideas renovadoras en la educación para los cánones de su época, Margot conformó la directiva del M-26-7 en la antigua provincia de Las Villas, a propuesta de Haydée Santamaría a quien conoció por sus implicaciones políticas.

Su casa fue refugio de connotados revolucionarios, y cumplió misiones riesgosas junto a Frank País, de quien atesora innumerables recuerdos.      

 

 

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