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Subir a Picos Blanco

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Por Ricardo R. González

Foto: Carlos Rodríguez Torres

 

Picos Blanco es de esos sitios privilegiados por la Naturaleza. Tal parece que el cielo pudiera tocarse con las manos y que en cualquier instante una nube roza la anatomía humana. Vencer los 10 km entre Jibacoa y el asentamiento lleva encantos y pericia. Un camino de elevaciones con vericuetos indescriptibles y tramos deplorables.

El jeep VSD-611 emprende la travesía. Yordanis Pacheco Ihanes no llega a 30 años vividos, pero su seguridad al volante supera los contratiempos por difíciles que sean. Sabe cada pedacito del camino porque hace el recorrido con frecuencia para trasladar enfermos o en cualquier misión asignada por la directiva del Hospital jibacoense.

En la medida en que se asciende algunos oídos sufren los efectos atribuibles a la diferencia de presión. Unos más, otros menos hasta llegar al punto enclavado a 750 m sobre el nivel del mar en el cerro de Guamuhaya y dentro del subgrupo Alturas de Trinidad.

Mientras tanto, aparece una flora exuberante preñada de un verde intenso, y ese contraste único de divisar una palma en dimensiones minúsculas desde la propia altura, o a una comunidad que nadie imagina y sin embargo reina en el corazón de la maleza.

Mulos y caballos comparten el camino, al tiempo que sobresale esa idiosincrasia campesina en virtud del visitante. Puede que entre dichos laberintos coincida con alguna brigada femenina cargada con sus cestas de café, o que un cerdo dotado de solo tres extremidades —a veces huidizo— demuestre que las curiosidades rondan también por parajes intrincados.

De pronto, finaliza esa senda larga como especie de culebra. Desde lo alto vislumbra el valle, el policlínico, parte del caserío…escoltado por palmeras y montañas.

Entonces, el ser humano sacude el polvo del camino y emprende la caminata sobre una topografía accidentada. Segmentos con pendientes y bajíos separados por ríos en un tesoro natural para sus 399 habitantes.

 

EL DÍA A DÍA

 

No falta la placita y otros servicios que redundan en la vida de los lugareños con difícil transportación desde y hacia Jibacoa. Muchos descuentan la decena de km a pie, pero entre las instalaciones resalta el «hospitalito» o posta médica que brilla por su limpieza y confort.

Ya Paula, la legendaria enfermera del lugar, no está. Mas, Ramón Miranda Pérez, el administrador, asegura que Picos Blanco posee tres consultorios, aunque la entidad dispone de guardias médicas durante las 24 horas, y un sistema de Salud completado por la atención estomatológica, los servicios de laboratorio clínico, farmacia, y una sala de observación habilitada con dos camas.

Una vez al mes reciben la visita de ginecobstetras y pediatras en una zona donde el parasitismo intestinal, la hipertensión arterial y la litiasis (cálculos) renal constituyen las principales problemáticas que golpean al organismo.

Como parte del Plan Turquino villaclareño celebran los 11 años sin registros de mortalidad infantil en todo el macizo junto a las dos décadas sin conocer los decesos maternos.

Buenos indicios trae el incremento de la natalidad y la ausencia de signos sospechosos de influenza entre sus pobladores.

Para el santaclareño Adién Mondeja Caraballoso existen historias que contar. Jamás pensó que viviría más tiempo entre los paisajes campestres que lejos de su reparto Escambray en la urbe capital.

Ya lleva un año de permanencia como médico y pudo haberse marchado; no obstante, se siente uno más. Quizás el morador 400 para cerrar la cifra, y asevera que nada lo hace tan feliz como la espiritualidad sana del guajiro.

«Lo mismo guataqueo que practico deportes con ellos. Tengo asentamientos distantes a cuatro o cinco km. Muchas veces los camino y respiro aire puro, otros subo en un mulo… y todavía me acuerdo de la primera vez en que me caí de un caballo.»  

Adién está consciente de lograr un fogeo profesional devenido prueba de fuego. Por ello no olvida aquel domingo de guardia cuando llegó al «hospitalito» una paciente con una crisis asmática severa.

«Eran, aproximadamente, las 6:00 de la tarde. Aplicamos las variantes terapéuticas, mas el tiempo transcurría sin obtener respuestas. Estuvo a punto de un paro cardíaco y hubo que bajar hasta Manicaragua lo más pronto posible. Por fortuna no lamentamos consecuencias fatales.»

Así ha tenido que enfrentar otros episodios. Los de pacientes encamados, las habilidades para suturar heridas profundas, y hasta conocer el desenlace humano bien de cerca, aunque no deje de reconocer que las primeras semanas de estancia resultaron muy duras.

Santa Clara estaba lejos, y solo le quedaba alejar las morriñas familiares con la llegada del nuevo día.

La vida se adueña de ese pedacito villaclareño. El punto que derrama una acuarela natural a pesar de que existan caminos pedregosos heridos por el tiempo y la noche resulte inmensa en espera del alba, aunque Yordanis tenga que apretar el cinturón de seguridad que exige el timón en cada subida, y las temperaturas creen un microclima caprichoso comparadas con el llano. Aun así, hay salud para los duendes de Picos Blanco.

 

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